Posteado por: Rimisp | 17 abril 2013

Diplomado Cohesión Territorial para el Desarrollo

Grafica-diplomado-CTD

Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Chile) ofrecen un diplomado semivirtual para analizar los cambios y políticas necesarias en América Latina para avanzar en el combate a las desigualdades territoriales y la consecución del desarrollo territorial.

En un marco de nuevas y crecientes desigualdades y exclusiones sociales, el territorio se ha ido transformando progresivamente en una fuente más de desigualdad. Las oportunidades de desarrollo no se distribuyen equitativamente al interior de los países y ciudades, constatándose en toda América Latina la existencia de territorios desarrollados que conviven con otros importantes niveles de rezago. Este problema no sólo afecta a quienes viven en los territorios rezagados, sino que conlleva también una pérdida importante de potencial de desarrollo a nivel de los países de la región.

El diplomado semivirtual de Cohesión Territorial para el Desarrollo, coordinado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Chile) y Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, indaga sobre los factores estructurales, sociales y político-institucionales que pueden contribuir a la cohesión territorial, entendida esta como una condición por la cual todos los territorios en un país pueden expresar su potencial de desarrollo y ninguno de ellos quede persistentemente marginado. Desigualdad territorial es la ausencia de cohesión territorial.

El diplomado está dirigido a profesionales de todas las áreas que trabajen en temáticas relacionadas con políticas sociales, desarrollo rural y desigualdad y su propósito es aportar con una nueva perspectiva de lo que se entiende por territorio, aplicabilidad y problemáticas asociadas al desarrollo en sus relaciones con pobreza, desigualdad, ruralidad, entre otras.

El plazo para inscripciones se extiende hasta el 10 de mayo y el diplomado comienza el 21 de mayo de 2013.

Más información en: www.flacsochile.org/postgrados/diploma-virtual-de-cohesion-territorial-para-el-desarrollo-flacso-y-rimisp y en el correo electrónico: diplomadoctd@rimisp.org

Posteado por: Rimisp | 25 marzo 2013

¿Dónde están los trabajadores con salario mínimo?

Por Yessica Lagos
Investigadora asociada del Programa Cohesión Territorial para el Desarrollo de  Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

La semana pasada, el PNUD publicó el Índice de Desarrollo Humano  y nuevamente Chile está en el lugar más alto de América Latina. Al ajustar este índice por desigualdad existente en el país, pasamos del destacado puesto 40 en el mundo a un normal lugar 50. ¿Dónde está el principal problema? La mayor pérdida se da por el componente ingresos (34,1%), seguida por educación (13,7%) y salud (6,6%).

En este contexto, una de las opciones de política pública para reducir la desigualdad es la conformación de un salario mínimo. Entre los economistas no hay coincidencia sobre el impacto del salario mínimo en el empleo, aunque los últimos estudios señalan la inexistencia o pobre efecto del salario mínimo sobre el empleo.

Según datos Casen 2011, los trabajadores asalariados que reciben el salario mínimo* o menos corresponden a un 17,4%, es decir uno de cada seis trabajadores asalariados aproximadamente. Por sexo, una de cada cinco mujeres asalariadas y uno de cada siete hombres asalariados obtiene un sueldo mínimo o menos.

¿Hay desigualdades territoriales? Sí, nuevamente no todo Chile es igual. Mientras en Antofagasta un 6,8% de sus trabajadores reciben el sueldo mínimo, en otras regiones el porcentaje es bastante más alto: Maule (30%), Araucanía (29%), Los Lagos (28%), Los Ríos (25%), Biobío (24%), Valparaíso y Coquimbo (20%). Con sueldos bajos es de esperar que estas regiones sean las mismas que tienen mayores porcentajes de pobreza en nuestro país.  Dados los bajos salarios, el trabajo no es una vía suficientemente potente para asegurar una salida de la pobreza. La pobreza laboral entre asalariados que reciben sueldo mínimo o menos es de 25% en La Araucanía, 24% en Biobío, 21% en Valparaíso y 20% en el Maule.

¿Cómo son estos trabajadores que reciben el sueldo mínimo? Por edad, las trabajadoras y trabajadores asalariados que reciben el sueldo mínimo tienen similar edad promedio que el resto de los trabajadores. La diferencia se da en los años de educación, tienen en promedio entre nueve y diez años de escolaridad, dos años menos de estudio que los trabajadores asalariados con un sueldo superior al sueldo mínimo. En las regiones de Aysén y Maule, solo tienen ocho años de estudios.  Las personas afectadas no han logrado superar la enseñanza media y en regiones como Aysén  y Maule tienen apenas enseñanza básica. Por lo tanto, es evidente que existe una relación directa con el capital humano.

Según tipos de ocupaciones en el grupo de asalariados, un 35% de agricultores o trabajadores agropecuarios y pesqueros reciben el sueldo mínimo o menos, 29% de trabajadores no calificados y 23% de trabajadores de servicios y vendedores de comercio se encuentran en la misma condición. Entre estos tipos de empleos hay diferencias territoriales notables. Mientras en O’Higgins un 27% de los trabajadores agrícolas reciben el sueldo mínimo, en La Araucanía es sobre un 45% y en el Biobío es uno de cada dos trabajadores agrícolas. En los trabajadores no calificados, la mitad de ellos en la Araucanía recibe un sueldo mínimo y dos de  cinco en Maule, Biobío, Los Lagos y Los Ríos. Asimismo, tres de cada diez trabajadores de servicios reciben sueldo mínimos en Coquimbo, Valparaíso, Maule, Biobío, Los Lagos, Los Ríos y Parinacota. Para superar esas brechas se requieren nivelación y actualización de competencia con el enfoque de la realidad económica de las regiones.

¿Es formal el empleo entre los trabajadores que reciben el salario mínimo? Entre los trabajadores asalariados con sueldo mínimo uno de cada cinco no tiene contrato de trabajo. Maule (28%) y La Araucanía (24%) son las regiones con mayor déficit en la legalidad de la relación laboral del país. Se requiere aumentar la fiscalización a las empresas que emplean en estas regiones.

Resulta central disponer de fondos públicos para mejorar las condiciones y la formalidad en el empleo. Una opción es la subvención estatal de la seguridad social de los trabajadores. De esta forma, se aumentan las cotizaciones en un sector de la población que presentan altas lagunas, como también se estimula la formalidad en el empleo. Esta subvención debería tener un carácter territorial, dada las grandes diferencias existentes entre regiones, en cuanto a pobreza y cobertura del salario mínimo.

Resulta crucial enfocar la nivelación de estudios o programas de capacitación con enfoque territorial en las regiones, donde ciertas actividades están en declive, para mejorar los niveles de adaptabilidad a nuevos empleos. Según género, es central incrementar los incentivos a la contratación formal de mujeres trabajadoras ya que representan una alta proporción de la población en situación de pobreza y reciben ingresos inferiores a los hombres por similares trabajos.

Dada la dimensión territorial de estas desigualdades, una pregunta clave es quién diseña y quién ejecuta estas políticas, si se sigue haciendo desde el centro o si, de una vez, entregamos a las regiones las competencias y los recursos para que puedan hacerse cargo de construir mejores oportunidades para sus trabajadores y trabajadoras.

Con la colaboración de Felipe Rojas Pizarro, Investigador de la Universidad Complutense de Madrid.

* Para identificar las personas que reciben el salario mínimo o menos según encuesta CASEN 2011, se ha corregido asumiendo que el 70,5% corresponde al salario fijo, de acuerdo a Encuesta Laboral 2011.

Columna de opinión publicada en El Quinto Poder (Chile)

Posteado por: Rimisp | 15 marzo 2013

Desigualdad territorial en Chile: lo dijo la OCDE

Por Danae Mlynarz
Asistente Social, Cientista Político y Magister en Política y Gobierno.

Hace unos días conocimos los resultados a través de la prensa de dos análisis desarrollados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) uno de  segregación urbana, que señala que Santiago de Chile es la ciudad más desigual, de 30 ciudades evaluadas del mundo, y el primer informe de la política nacional urbana, que arrojó reveladores índices sobre desigualdad en las 26 principales ciudades del país. Esto, en ámbitos como la vivienda, la pobreza, la densidad habitacional y el acceso a áreas verdes.

Entre los antecedentes, la OCDE señala el alto grado de urbanización en Chile: el 89%de la población vive en ciudades y se proyecta que para 2025, el 91% de los chilenos resida en una urbe. Muestra que, a pesar de que el país ha logrado reducir la vulnerabilidad, la pobreza urbana experimenta una expansión preocupante en 20 de las 26 principales ciudades chilenas. Linares aparece como la ciudad con el mayor nivel de pobreza urbana: supera el 27% de población que vive en esa situación. Le siguen Ovalle y Temuco. Por el contrario, Antofagasta, Punta Arenas y Calama muestran los menores índices (menos de 10%). Pero la ciudad que más crece en pobreza urbana es Curicó: sobre 110% de aumento. Mientras, la que más reduce su población urbana vulnerable es Arica (cerca de -40%).

El informe de la OCDE también aborda aspectos demográficos: muestra al Gran Valparaíso como la metrópoli chilena que más crece en población. Le siguen el Gran Santiago y el Gran Concepción. Al considerar las ciudades medias, lideran Puerto Montt, Coquimbo-La Serena y Copiapó. Esto muestra que son las urbes intermedias las que concentran el mayor aumento general.

Si se trata de viviendas, San Antonio encabeza la lista: tiene 400 inmuebles por cada 1.000 habitantes. La que menos tiene es Antofagasta, con 250 por cada 1.000 personas. El proceso de crecimiento en viviendas lo lidera Melipilla, con un 30% de aumento. En propiedades sociales es Curicó la que encabeza, con cerca de 40% de viviendas sociales por cada 1.000 habitantes.

Estas cifras evidencian que la desigualdad territorial es producto de estructuras sociales y de reglas formales e informales que interactúan, perpetuando las diferencias. Esto implica que tanto en Chile como a nivel global, el destino de las personas no depende de sus capacidades y esfuerzo, sino que muchas veces está determinado por el lugar donde se nace.

La desigualdad territorial es la ausencia de cohesión territorial, siendo esta última una condición a través de la cual los territorios expresan su potencial de desarrollo y ninguno queda persistentemente marginalizado, posibilitando que las personas, independiente del lugar donde nazcan o vivan, tengan las mismas oportunidades de desarrollo.

Los resultados de estos estudios, así como otros, nos muestran lo necesario que es poner en la agenda pública el tema de la desigualdad territorial y buscar generar políticas de cohesión social en Chile que apunten a desarrollar verdaderas oportunidades, entendiendo que los territorios dentro de un país son diversos y, por tanto, deberán implementarse políticas diferenciadas. Lo importante es que éstas promuevan sus potenciales y generen las posibilidades y opciones para hacerlo.

En este año de elección presidencial y aprovechando que se “nos vino marzo” no perdamos la oportunidad de incluir esta mirada para efectivamente transformar Chile y hacerlo un país más inclusivo en cada uno de sus territorios.

Columna publicada en El Quinto Poder (Chile)

Posteado por: Rimisp | 26 febrero 2013

Conflicto ‘mapuche’: ejemplo de desigualdad territorial

Por M. Ignacia Fernández
Investigadora del programa Cohesión Territorial para el Desarrollo de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

Los últimos hechos ocurridos en La Araucanía han puesto una vez más en el debate la necesidad de buscar una solución a este conflicto que se extiende por más de un siglo. Sin lugar a dudas este es un conflicto étnico, pero tiene también una clara expresión territorial que vale la pena poner de relieve en la búsqueda de soluciones alternativas  a las políticas.

Las cifras oficiales indican que La Araucanía es la región más pobre del país. Según la última encuesta CASEN esta región posee un 22,9% de pobreza, frente a un 11,5% de la Región Metropolitana. Pero incluso dentro de la misma región existen diferencias en la distribución de la pobreza entre la población mapuche (24,3%) y no mapuche (22,3%), en un contexto en que la población mapuche representa el 46,5% de la población regional total.

Estas cifras son bastante conocidas, así como también lo es la situación de mayor pobreza relativa en que se encuentra la población mapuche, respecto de la no mapuche, en prácticamente todas las regiones del país.

El conflicto ‘mapuche’ se configura como un conflicto territorial cuando agregamos a estos antecedentes otros que dan cuenta de una particular combinación de actividad económica y composición étnica. No parece casual, por ejemplo, que entre las comunas con mayores índices de pobreza se encuentren Lumaco (35,9%) y Purén (38,0%), que son además las de mayor presencia forestal.

Un país que aspira a ser desarrollado no puede hacer vista gorda de la desigual distribución territorial de las oportunidades de desarrollo. La industria forestal constituye una de las economías más importantes del país. Si bien es un sector que genera fuentes de empleos, estas cifras sugieren que los beneficios económicos que se obtienen de la actividad forestal no se están quedando en el territorio donde esta se desarrolla.

Desde una perspectiva de desarrollo con cohesión territorial, apostamos a que todos los territorios del país pueden expresar su potencial de desarrollo y a que ningún territorio sea persistentemente marginalizado.

¿Debiera ser éste un objetivo nacional de un país democrático y moderno? Sin lugar a dudas. Y lo cierto es que existen herramientas de políticas para avanzar en esta dirección. La experiencia de distintos países con importantes porcentajes de población indígena indica que a partir del reconocimiento del territorio como una fuente de identidad, es posible avanzar en mayores grados de autonomía para la administración de dichas unidades territoriales.   

Mayor autonomía significa voz efectiva y mucho mayor poder para pensar, elegir, planificar y construir su desarrollo, incluyendo las condiciones y características de su estructura y actividad económica y el uso que se dará a sus recursos naturales y ecosistemas. Eso no significa total autonomía de cada territorio porque ello impediría la existencia de una nación común, pero sí se requiere un nuevo pacto social sobre los derechos y responsabilidades de las regiones y los territorios en decisiones trascendentales que afectan su destino particular y nuestro destino común.

Tras la Reforma Constitucional promulgada en julio de 2007 que otorga a la Isla de Pascua y al Archipiélago Juan Fernández la condición de Territorios Especiales, se abre el espacio para la creación de territorios de administración especial.

Quizás tenga sentido partir de esa experiencia para romper de una vez con un ordenamiento jurídico excesivamente homogéneo y centralista, de manera tal de avanzar hacia un esquema que refleje de mejor manera la rica diversidad de nuestro país, permita la expresión de las diferencias y asegure a todos los chilenos, independientemente de su origen social, étnico o del lugar donde vivan, iguales oportunidades de expresar sus potenciales y ejercer su ciudadanía de forma plena.

Columna publicada en El Quinto Poder (Chile)

Posteado por: Rimisp | 22 febrero 2013

Territorios, algo más que vacaciones

Por Danae Mlynarz
Asistente Social, Cientista Político y Magister en Política y Gobierno.

Y llegó febrero, mes en que casi todos y todas pensamos en vacaciones y nos desplazamos. Para la mayoría de los chilenos es la única vez en el año que se trasladan a un espacio distinto del que habitan. Es una oportunidad para descansar, estar con la familia, mantener contacto con la naturaleza, divertirse, hacer cosas distintas y conocer nuevos territorios.

Quiero hacerles una invitación, que aprovechemos ese desplazamiento, ese conocimiento de otros espacios de nuestro país, para mirarlos. Para ver quienes viven ahí, cómo viven, de qué viven, cómo son sus trabajos, sus condiciones laborales, con qué servicios cuentan, si tienen acceso a educación, a qué tipo de educación, a salud, qué cosas creemos que les faltan, qué cosas o servicios creemos que sería necesario que existieran para que nosotros podamos vivir en ese lugar que elegimos solamente para ir de vacaciones.

Más allá de esos hermosos parajes, aprovechemos la oportunidad de ver y conocer a aquellos desconocidos e invisibles compatriotas que viven a lo largo y ancho de nuestro territorio. Observemos cómo se vive la desigualdad territorial en nuestro país y pensemos en cómo avanzar en cohesión territorial para generar desarrollo en Chile entero.

Desde RIMISP – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural en el año 2003 definieron los territorios como espacios con identidad socialmente construida. Esta definición pone el acento en los aspectos sociales, culturales, económicos e históricos que dan forma y sentido al territorio, pero, al mismo tiempo, es cooperativa. Un estudio posterior avanza en el tema -Territorios Funcionales en Chile- entendidos como aquellos espacios en que existe una alta frecuencia de interacciones económicas y sociales entre sus habitantes, sus organizaciones y sus empresas. Este concepto es similar al de regiones funcionales que se emplea en los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

La funcionalidad del territorio se puede construir a través de diversos factores, como, por ejemplo, los mercados laborales, mercados de bienes o servicios, redes sociales, identidad étnica o cultural, servicios ambientales y, también, organización político-administrativa del Estado que habilita espacios de servicios públicos. De este modo, varias localidades pueden ser parte de un mismo territorio funcional si las personas viven ahí y se desplazan principalmente entre ellas para trabajar, acceder a servicios públicos y privados, comprar y vender, o para interactuar con quienes hacen parte de su red social.

De acuerdo a lo anterior, el estudio identificó 103 territorios y regiones funcionales en Chile y los clasificó en tres tipos y varios subtipos:

- 6 regiones urbanas: Gran Santiago, Gran Concepción, Gran Valparaíso, Antofagasta, La Serena-Coquimbo y Temuco, las que suman 78 municipios que albergan casi al 56% de la población del país.

- 43 territorios funcionales urbano-rurales, cada uno de los cuales incluye una ciudad principal en torno a la cual se articulan dos o más comunas rurales. Estos territorios involucran a 183 comunas y tienen el 38% de la población.

- 54 territorios rurales, en general unicomunales. Se ubican en esta categoría 59 comunas donde vive el 6% de la población. Carecen de una ciudad y en el 75% de los casos la localidad más grande no llega a los 10 mil habitantes.

Que estas vacaciones que iniciamos permitan ver los territorios de una manera distinta y también que podamos generar ideas en forma participativa para que Chile con su diversidad pueda lograr mejores niveles de calidad de vida, mayor participación en la toma de decisiones y que no veamos estos territorios sólo cuando vamos de vacaciones o estallan conflictos sociales.

Columna publicada en El Quinto Poder (Chile)

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