Posteado por: Marcelo Uribe | 23 junio 2009

Biodiversidad natural y riqueza cultural: explorando alternativas de desarrollo territorial en Bolivia

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Por Marcelo Uribe
Investigador Proyecto Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural 

Desde que Diego Huallpa, en 1545, descubriera las riquezas del cerro rico de Potosí al hacer una fogata cuando buscaba una llama perdida, y el mercantilismo se llevara la plata a Europa contribuyendo al inicio del capitalismo; hasta el prodigioso hallazgo del gas, a fines de los 90 y principios de la presente década; la economía de Bolivia se ha centrado en un patrón de desarrollo basado en el aprovechamiento de los recursos naturales, y su exportación con un bajo nivel de valor agregado. 

Este patrón monoproductor, también se reprodujo con la goma, la castaña y, durante el siglo XX, el estaño. A partir de 1981 se dio una baja en los precios de los minerales. La Corporación Minera de Bolivia el año 1984 dejó de transferir recursos al Estado convirtiéndose en una demandante de subsidios lo que, junto a las políticas monetaria y fiscal expansiva, se convirtió en un detonante hiperinflacionario. El año 1985 se pudo superar la hiperinflación con un elevado costo social que persiste hasta nuestros días. 

Este patrón produjo, permanentemente, una serie de distorsiones como la concentración de riqueza en pocas manos, el manejo discrecional de los recursos, alteraciones en la competitividad de otros sectores, conflictos sociales, etc. El país estuvo, siempre, sujeto a los cambios en los precios del mercado internacional, sin tener ningún poder de influencia. 

Luego de más de 20 años la economía de Bolivia sigue anclada en los productos primarios: ahora en torno al patrón del gas. Al tercer trimestre del año 2008 el Producto Interno Bruto de Bolivia registró un crecimiento de 6,53% respecto a 2007 (Actualidad estadística. Instituto Nacional de Estadística. 2009), sin embargo los problemas estructurales de la economía persisten: pobreza, déficit en el empleo, extrema desigualdad en la distribución del ingreso, etc. En la década de los 90 la pobreza y desigualdad disminuyeron pero desde 1999 se invirtió esta tendencia. 

Sin embargo, más allá de este patrón de crecimiento empobrecedor existe una economía alternativa conformada por cientos de productores individuales o asociados, y comunidades que trabajan en torno a servicios ambientales, ecoturismo, desarrollo forestal, agricultura orgánica, contribuyen con US$ 300 millones en exportaciones, y generan miles de fuentes de empleo, constituyendo una importante alternativa al patrón de desarrollo basado en la explotación insostenible de los recursos naturales (Informe Temático sobre Desarrollo Humano. La Otra Frontera. Usos alternativos de recursos naturales en Bolivia. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). 2008). 

Este contexto, presenta amplias potencialidades para el desarrollo de un enfoque territorial basado en la articulación y puesta en valor de la biodiversidad natural y la riqueza cultural. Bolivia cuenta con una inmensa riqueza de recursos naturales, se encuentra entre los 15 países más biodiversos del mundo, posee una importante base normativa e institucional para el manejo ambiental (aunque con problemas en su operación), está en los primeros lugares del mundo en cuanto a estándares ambientales sostenibles, y cuenta con un vasto y diverso patrimonio cultural, tangible e intangible. 

Existen muchos procesos que se están orientando en esa dirección, a manera de ejemplo podemos mencionar dos experiencias: el territorio de Entre Ríos en la zona de transición entre el valle y el Chaco Tarijeño; y el territorio de Curahuara de Carangas en el Altiplano Central del Departamento de Oruro (Activos culturales y naturales – Biocultura/COSUDE, Bolivia).  

En Entre Ríos, territorio en el que operan las principales empresas petroleras del país, las iniciativas de valorización de la biodiversidad y la cultura, como la Pradera Natural de Salinas, la cultura Guaraní o la fiesta mestiza de la Virgen de Guadalupe, empiezan a perfilarse como pautas centrales en la generación de empleos e ingresos locales, puesto que la economía del gas que ha cumplido la función de incrementar de manera vertiginosa los recursos públicos, ha generado un bajo retorno territorial y, más bien, ocasionando una diversidad de problemas relacionados con la contaminación y la falta de respeto a la integridad cultural de las poblaciones Guaraníes. 

En Curahura de Carangas, la crianza de camélidos domésticos, (principal actividad económica) se encuentra amenazada por factores de orden natural y la carencia de forrajes; los intentos e inversiones millonarias para potenciar esta actividad han tenido escasos impactos; y las posibilidades para la agricultura son mínimas. Entonces, juntamente con la base ganadera alto andina, el turismo orientado a la valorización de la biodiversidad natural y la cultura (como el Parque Nacional Sajama, el patrimonio arqueológico, las fiestas  y los rituales vinculados a las estrategias de vida Aymara), que se ha convertido en una fuente creciente de ingreso, es una importante alternativa para el territorio. 

El desarrollo territorial basado en la biodiversidad natural y la riqueza cultural, no es una “receta” única aplicable en cualquier contexto. Pero constituye una alternativa importante para aprovechar las potencialidades existentes, con una visión de conjunto de la oferta territorial, y romper el ciclo de la “maldición de los recursos naturales.” 

Los principales desafíos a futuro están relacionados con la necesidad de transitar de la dimensión micro, de estas iniciativas, a una escala mayor, buscando la masificación de su impacto. En esta línea, las experiencias en curso, particularmente en Entre Ríos, apuntan a: (i) conformar plataformas territoriales publico privadas, que se constituyan en espacios para la ejecución de estrategias de desarrollo territorial basado en la biodiversidad natural y la riqueza cultural; (ii) desarrollar capacidades para potenciar la gestión propia de parte de los actores locales, potenciando – entre otras – su habilidad para tejer alianzas extraterritoriales; (iii) influir en la acción pública, para lograr las sinergias y el apoyo necesario en los diferentes niveles de la gestión pública (nacional, departamental y local).

Fotografías: Max Raña

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Responses

  1. El caso del Municipio de Entre Ríos es muy especial y particular, ya que aparentemente al ser rico por las regalias de gas, acusa importantes niveles de pobreza, mismos que pueden ser solucionados orientando acciones productivas aprovechando las capacidades en biodiversidad y lo cultural, considero que es un caso muy especial y un ejemplo para poder seguirlo.


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