Posteado por: Félix Modrego | 28 abril 2009

¿La agricultura como motor para la superación de la pobreza?

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Por Félix Modrego
Investigador Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

Después de décadas de postergación y olvido, en los últimos años se constata una suerte de renacimiento del debate respecto de la agricultura y su rol en el desarrollo y la superación de la pobreza rural. El reciente Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008 del Banco Mundial, destaca a la agricultura cómo un sector con una especial capacidad para contribuir a la reducción de la pobreza rural, que por una serie de sesgos de política y sub-inversión no ha podido plasmar este potencial. 

Según datos de CEPAL del año 2007, en América Latina aún es posible encontrar cerca de 63 millones de personas viviendo en la pobreza en el mundo rural, cifra sólo un 14% inferior a la de 1980. Esto, a pesar que en la región el sector agrícola ha experimentado un crecimiento similar al del resto de la economía en las últimas décadas. 

Un proyecto de investigación reciente coordinado por FAO indagó en los cambios en las fuentes de ingreso de los hogares rurales en algunos países de Latinoamérica. Se concluyó que en países que han logrado reducir fuertemente la incidencia de pobreza rural como Chile y Brasil, el aumento de los ingresos de los hogares rurales ha venido más bien dado por el crecimiento de los ingresos rurales no agrícolas, de actividades secundarias (pluriactividad) y también por el crecimiento de los programas de transferencias monetarias a los hogares pobres. En Chile, se concluyó que el ingreso proveniente de la agricultura ha pasado de constituir un 41% del ingreso rural en 1992 al 27% en 2006. En Brasil, se estima que el crecimiento de la seguridad social y del programa Bolsa Familia explica alrededor del 75% del crecimiento de los ingresos rurales entre 1995 y 2006. 

Diversos estudios proporcionan evidencia que invita a pensar que esta actividad sigue teniendo un importante rol: 

– La agricultura proporciona oportunidades de subsistencia para los pobres. La agricultura es demandante de mano de obra con bajos niveles de calificación, es decir da oportunidades para personas que difícilmente consiguen trabajo en otros sectores de la economía. Por otra parte, cuando está focalizada en los sectores más pobres y vulnerables del mundo rural, la inversión en investigación y desarrollo agrícola, infraestructura y la provisión de bienes públicos puede ayudar al incremento de la productividad y los ingresos de los pequeños productores campesinos. A través de estos dos canales, la agricultura provee alternativas para la subsistencia y la superación de la pobreza rural. 

– El crecimiento agrícola contribuye a la reducción de la pobreza manteniendo los precios de los alimentos bajos. Los sectores más desposeídos de la sociedad son precisamente los que gastan más en alimentos (entre 50 y 70% de su presupuesto), y por ende son los más golpeados por alzas en sus precios. A mediados de 2008 y previo a la crisis financiera mundial, los precios de los principales commodities agrícolas experimentaron un alza que los llevó al triple de los precios observados en 2003 en el caso del maíz y el trigo, mientras que el arroz aumentó en cerca de cinco veces. Por aquel entonces, el Banco Mundial indicaba que el alza de los precios de los alimentos habría provocado un aumento de la pobreza de unos 100 millones de personas, haciendo retroceder años de avances logrados en la meta de desarrollo del milenio de reducir el hambre a la mitad en 2015. El crecimiento de la agricultura puede contribuir a contener las alzas en los precios de los alimentos, reforzando así la seguridad alimentaria. 

– La agricultura genera una serie de encadenamientos productivos con otros sectores de la economía. En muchas zonas del continente, el crecimiento de la industria manufacturera es indisociable del crecimiento del sector agrícola primario. Estudios indican que en Latinoamérica en promedio en los últimos cuarenta años, un crecimiento del 10% en el sector primario se asocia a crecimientos de 1,2% en el resto de la economía, mientras que no se observó un efecto del crecimiento de las actividades no agrícolas sobre la agricultura. 

– La agricultura actúa como un amortiguador. Se ha encontrado que en períodos de desaceleración económica, la agricultura se contrae menos o muchas veces ha sido incluso capaz de crecer, proporcionando un “colchón” a las economías nacionales para capear mejor los momentos de vacas flacas. En tiempos de crisis, cuando prolifera el desempleo y la pobreza, se señala que la agricultura otorga una alternativa de contención para aquellas personas y hogares que ante la pérdida de sus fuentes laborales tienen la posibilidad de volver al campo. Este fenómeno se observa en muchas zonas del mundo, como en China, donde miles de personas están volviendo al campo desde las ciudades industrializadas de la costa. En nuestro continente, muchos migrantes comienzan a retornar a sus hogares rurales ante la pérdida de oportunidades laborales en países industrializados fuertemente golpeados por la caída de los mercados financieros. En Chiloé (sur de Chile) la crisis sanitaria que afecta a la mega-industria del salmón obliga a muchos asalariados acuícolas a volver al predio familiar. 

Aún a pesar de toda esta evidencia, cabe señalar que la experiencia parece mostrar que en la práctica la inversión en agricultura no es la panacea al problema de la pobreza rural, ni tampoco la opción más efectiva en todo lugar y contexto. Tampoco lo es la mera facilitación de la movilidad geográfica o la integración económica, para el abandono del campo y el éxodo masivo de los hogares rurales a las grandes ciudades o a otros sectores de la economía. Entre estos extremos, es posible identificar territorios, rubros y estructuras institucionales que brindan buenas posibilidades para la participación de los pequeños productores en los mercados agroalimentarios, y de los trabajadores agrícolas en los mercados laborales, otorgando opciones reales de desarrollo y bienestar para los hogares rurales. En otras situaciones, estrategias no sustentadas en la agricultura constituirán una mejor apuesta, por lo que el desarrollo de capacidades para la reorientación productiva, el emprendimiento no agrícola y la empleabilidad en otros rubros pueden tener mayor éxito. Redes de protección social inteligentes, que contribuyan a reducir la vulnerabilidad de los hogares rurales y sus comunidades en tiempos de crisis, también pueden ayudar. 

Lo importante es reconocer la heterogeneidad del medio rural y entender las transformaciones que se están desarrollando en distintos sectores productivos, grupos sociales y zonas al interior de los países de nuestro continente. Esto puede ayudar a evaluar mejor las opciones de política disponibles para la reducción de la pobreza y el desarrollo rural y potenciar la contribución de la agricultura en estos procesos.

¿Es la agricultura una opción viable de desarrollo para los millones de hogares que dependen de ella en América Latina?

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