Posteado por: periodistarural | 28 julio 2009

La arrogancia del poder

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Por Juan Luis Font
Director y columnista de El Periódico de Guatemala 

El presidente Álvaro Colom ha dicho que no piensa tomar en cuenta la petición de miles de familias representadas en la Plataforma Agraria y en el Frente Nacional de Lucha. Su gobierno sostiene, no va a impulsar otra cosa que su propio plan. 

Hace falta entonces refrescarle la memoria al gobernante. Los programas más relevantes de su gobierno no se encontraban en su oferta electoral y sólo llegó a adoptarlos una vez que ganó las elecciones. Dos partidos de derecha le antecedieron en esas promesas y a uno de ellos tuvieron que habérsela copiado él y su esposa. El primero fue el partido Unionista, en forma de una remesa escolar. El segundo fue el Partido Patriota, hacia la segunda vuelta electoral. Colom sólo empezó a mencionar el tema de transferir fondos a los más pobres a su vuelta de la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, que tenía por nombre, oh coincidencia, Cohesión Social. 

De manera que no nos venga con el cuento del estricto cumplimiento de su plan de gobierno. Ese insulso documento ha sufrido tantos cambios como retopones se ha dado el gobernante con una realidad muy distinta a la que cándidamente describía cuando era candidato. ¿Quién olvida cuando Colom declaraba convencido que Q40 millardos bastaban para gobernar con holgura? 

Los líderes campesinos a los que Colom trata con displicencia se expresan con respeto de lo que consideran una política asistencialista (Cohesión Social). Creen que las transferencias directas de fondos a familias de más de 136 municipios (Mi Familia Progresa) contribuyen a reducir el peso del hambre y la desnutrición, pero sostienen que el arrendamiento de tierras productivas sería no sólo más eficiente para los campesinos, sino más digno también. 

Cuando se les pregunta sobre los alcances del Programa de Desarrollo Rural del Gobierno (Prorural), sus críticas son más agudas. Aseguran que ese programa se ha montado sobre la labor de gobiernos anteriores, ayuda a quienes ya tienen en marcha un proyecto productivo. No está dirigido a quienes hoy pasan hambre. 

Para Colom debe ser complicado que quienes critiquen sus programas y su política sean sectores de población depauperados, y no necesariamente los oligarcas o la burguesía. Los alcaldes de los municipios más pobres también critican la priorización del gasto para los programas que dirige la esposa del Presidente. 

Los campesinos piden al Estado que financie con Q3 mil 500 a cada familia para alquilar pequeñas parcelas en las cuales producir los alimentos esenciales. Para atender a 75 mil familias se necesitaría cerca de Q265 millones. Puesto que Colom les trata con tanta displicencia, los campesinos bien podrían dirigir a otros su exigencia. Al Congreso de la República por ejemplo. 

Si la oposición se pusiera de acuerdo podría incluir, para el presupuesto de 2010, los fondos para financiar esos arrendamientos, imponerle un candado a esa asignación y vigilar que el Ministerio de Finanzas no escamotee los aportes para quienes son críticos de la política de desarrollo rural del Gobierno. La asignación de fondos públicos no tienen por qué decidirla a solas el Presidente y su esposa.

Esta columna de opinión fue publicada el 27 de julio en El Periódico de Guatemala.

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