Posteado por: periodistarural | 3 septiembre 2009

La historia en manos de la comunidad

museocomunitario

Por Patricia Meza
Miembro de la Red Prensa Rural
Periodista Diario Co Latino de El Salvador

Visitando a una amiga, Héctor Guardado, se enteró que ella y otras familias tenían piezas arqueológicas en sus casas como recuerdo de los “antiguos”, como llaman en el lugar a los indígenas que habitaron la zona. 

A Héctor, quién vive en el cantón El Recreo, municipio de Berlín, departamento de Usulután, junto a otros jóvenes, se le ocurrió que todas esas piezas podrían, para quienes tuvieran la oportunidad de verlas, remontarles en la historia y revivirla. 

Pero, ¿cómo? La respuesta fue crear un museo donde se les diera el valor que tienen y sobre todo, que la comunidad participara en un proceso de revalorización de su pasado reflejado en las figuritas de barro. 

“Los jóvenes venían con las piedras de moler sobre sus espaldas, desde los cerros, hoy sabemos que su nombre científico es metate”, dijo evidentemente emocionado Héctor, al inaugurar el museo que ahora alberga las vidas de aquellos hombres y mujeres que bajo el candente sol cultivaban la tierra y adoraban a sus dioses. 

“Me imagino las chozas de nuestros antepasados, sembrando el maíz y me doy cuenta de que es necesario revivir esta historia, la tenemos que rescatar porque el modernismo afecta a todos”, reflexionó el joven, quien se ha convertido en el defensor de la historia en el lugar donde nació. 

Sin embargo, para lograr toda esta conciencia se ha tenido que caminar cuesta arriba, donde las puertas no han estado abiertas y el patrimonio estaba amenazado por el tráfico ilegal de las piezas que eran pagadas a 5 dólares. “Es  lo que estamos haciendo, revalorizando los que nos han dejado”, señaló Guardado. 

Así como cuando Don Julio Guevara encontró una “piedra de rayo” en las tierras que cultiva, que no es más que una punta de lanza conocida como “hachuela” que era utilizada por los indígenas para tallar y cortar. Su hija, la llevó a San Salvador y se la mostró a Norma Hernández, Coordinadora de la Unidad de Cultura de la Universidad Evangélica de El Salvador, y quién inmediatamente pensó en visitar la zona y ver en qué medida se podía consolidar un proyecto que permitiera que los pobladores fueran garantes de la preservación de las piezas. 

Y es así como El Recreo, desde hace más de un año, se ha convertido en un lugar donde el esfuerzo de los adultos combinados con la energía de los niños y jóvenes, así como de organizaciones privadas y gubernamentales ha dado como fruto la creación del primer Museo Comunitario en el país. “Es importante destacar que después de todo este proceso de valorización de su patrimonio los niños y niñas, cuando encuentran alguna pieza o fragmento arqueológico, corren hacia el museo a entregarla, porque ahora saben que es valioso”, enfatiza Hernández. 

Con más de 600 piezas arqueológicas encontradas una a una en los patios de las casas, en los cerros y tierras para el cultivo, este museo, inaugurado hace una semanas, no solo abre la posibilidad de un reencuentro con el pasado, sino el hecho de que gente muy humilde esté luchando por preservar el patrimonio histórico, antropológico y etnográfico de la zona. 

Los “metates” forman parte de la extensa colección exhibida en el museo, donde también figuran piezas de oxidiana, puntas de flecha, pendientes de jade, cinceles para alijar, pitos, platos, soportes de sonajas entre otras. 

La pequeñez del museo, rodeado de árboles de madrecacao y pintado de un verde oscuro con café, contrasta con la riqueza incalculable de las piezas colocadas sobre mesas y estantes, identificada con sus nombres científicos y en los idiomas inglés y español. 

“Esperamos muchos turistas en un futuro y entre estos extranjeros”, afirma Héctor. “No entendíamos qué eran al principio, unas parecían patillas de sartén, otras tenían caras dibujadas de los antiguos, encontramos también sellos, fragmentos de ollas y pitos”, comentó José Carlos Maravilla, quien vive en El Recreo y forma parte del Comité de rescate que es liderado por Héctor, uno de los pocos bachilleres del Cantón. 

En este esfuerzo es necesario destacar el apoyo dado por la Universidad Evangélica de El Salvador, el Museo de Antropología David J. Guzmán, MUNA, a través de la Unidad de Bienes Culturales Muebles, la FundaGeo de Berlín, Iglesia Pastoral de Berlín, Don “Monchito Rivera” que donó la tierra donde está ubicado el museo, pero sobre todo de cada una de los habitantes que no han desfallecido en la labor titánica de rescatar su historia. 

Don José Torres, conocido como “Don Pepe”, del MUNA, ha tenido una ardua labor, concientizar sobre la Ley especial de protección al patrimonio cultural de El Salvador, cuyo reglamento es el decreto No. 513 de la Asamblea Legislativa, así como también, derribar el mito de que si las autoridades llegaban a la zona se llevarían las piezas, pero sobre todo el de educar y capacitar para el manejo y clasificación adecuada de las piezas. 

“Todo lo que se encuentra tiene valor”, es la consigna de Don Pepe, quien ahora puede decir que todas las piezas y fragmentos encontrados tienen un registro en Patrimonio Cultural, después de más de un año en el que se han medido, descrito y etiquetado las piezas. 

Pero también, se ha logrado educar a los niños y a la comunidad en general sobre la importancia y el valor incalculable de los recursos encontrados. Esto, porque según el dictamen de Torres, técnico con más de 32 años de estar en el MUNA, las piezas en un 95 % son arqueológicas, un 4 históricas y uno etnográficas, que forman parte de un asentamiento prehispánico entre los 900 y mil 200 años después de Cristo, aproximadamente. 

En este lugar, donde don Monchito Rivera llegaba con sus hijos para distraerse de la ciudad y sembrar árboles, también los ojos del Ministerio de Turismo están puestos, ya que por las condiciones del lugar y el museo entre otras cosas, puede formar parte del programa que impulsa el MITUR, conocido como “Pueblos Vivos”, que tiene como objetivo el rescate de la idiosincrasia, los valores, las tradiciones entre otras, según dijo Leonor Quevedo, representante de la institución de gobierno y quien llegó al lugar atraída por el museo y conocer más del trabajo comunitario que se está realizando en beneficio del turismo local. 

El 11 de julio quedará marcado en la historia de la comunidad, también no se olvidarán de las peripecias que hacían un grupo de niños tratando de manejar el equipo de sonido para poner el Himno Nacional. 

La licenciada Antonieta de Merino, de la Universidad Evangélica, dijo que se tiene que hacer mucho todavía por el desarrollo de la zona, ya que hay que fortalecer otros proyectos. 

Y es que aquí se han combinado una serie de esfuerzos, desde la donación del terreno donde está el museo, hasta los materiales de construcción del museo proporcionados por la Geo. 

La Constitución de la República en sus artículos 1, 62 y 63 establece el resguardo de los valores arqueológicos, quizás sin saberlo, los habitantes de El Recreo han hecho de estos artículos sus banderas de lucha por preservar su historia y se yerguen como un ejemplo a seguir en el rescate del patrimonio cultural del país, donde los pobladores de la comunidad son los protagonistas de su desarrollo sociocultural.

Esta artículo fue publicado el lunes 24 de agosto en el Diario Co Latino de El Salvador.

Crédito fotografía: Diario Co Latino

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