Posteado por: periodistarural | 13 enero 2010

Columna de opinión: Crisis y pobreza rural en América Latina

Por Tomás Rosada
Autor “Crisis y Pobreza Rural: el caso de Guatemala”

A finales del 2008 y principios del 2009, en pleno apogeo de la crisis financiera mundial, se gestó el proyecto “Crisis y pobreza rural en América Latina”.

Esta fue una iniciativa conjunta de Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y el Instituto de Estudios Peruanos, con financiamiento del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola y el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo.

La idea central era reflexionar desde una perspectiva latinoamericana sobre los efectos que la crisis podría llegar a tener en el medio rural. Para ello se conformaron pequeños equipos de trabajo en 11 países: México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Brasil, Bolivia, República Dominicana, Paraguay y Perú. Dichos países fueron seleccionados porque tienen elevados niveles de pobreza rural, o bien porque aglutinan a una cantidad significativa de habitantes pobres rurales en la región.

Además de los estudios individuales, el proyecto generó un informe comparativo, el cual arroja algunas conclusiones interesantes. Menciono tres que tienen que ver con: 1) los canales de transmisión de la crisis hacia el medio rural, 2) las condiciones estructurales de dicho medio rural, y 3) el espacio real de las políticas públicas para mitigar la crisis.

Respecto de los canales de transmisión, los análisis por país coinciden en que la crisis afectaría el nivel de ingresos de los habitantes del medio rural fundamentalmente a través de tres mecanismos: contracción en el empleo, provocada por una caída en demanda de productos o en proyectos de inversión, reducción de remesas, y reducciones en el gasto público.

En cuanto a las condiciones estructurales del medio rural, la gran mayoría coincide en la desconexión —i. e. poca integración a mercados— que tienen los hogares rurales respecto del resto de la economía. Aunque en condiciones normales o de mayor bonanza económica tal característica juega en contra de su desarrollo, en este caso hace que los efectos de la crisis sean relativamente menores en los hogares pobres rurales en contraposición a los hogares pobres urbanos. En otras palabras, el aislamiento en que vive el medio rural funciona como una suerte de blindaje que minimiza todo, tanto shocks positivos como negativos.

En tercer lugar, la reacción que para ese entonces anunciaban los diferentes gobiernos revelaba que la mayoría de países privilegió un aumento en el gasto o la inversión pública en lugar de reducir impuestos o aumentar subsidios. Sin embargo, y aún cuando la mayoría de los países presentaba cuentas fiscales bastante favorables, la sostenibilidad del esfuerzo contracíclico estaría en función de la duración y severidad de la crisis.

En materia de recomendaciones, se plantearon un conjunto de medidas para atender el corto plazo —coyuntura—, y otras para el mediano y largo plazo —estructura—. La idea era aprovechar la ventana de oportunidad que abrió la crisis, para proponer intervenciones amplias que, poco a poco, reviertan las características que definen la pobreza rural.

Así por ejemplo, en el corto plazo se proponen fundamentalmente tres cosas: políticas de compensación ante las reducciones de flujos de remesas, esquemas de empleo temporal y políticas sociales. Todas, medidas de rápida implementación con miras a contener un posible aumento en la pobreza rural.

Además de tales acciones de apoyo temporal —muy útiles y necesarios en tiempos de crisis—, el documento propone para el mediano y el largo plazo la implementación de programas de promoción de la agricultura familiar —e. g. capacitación, asistencia técnica, asesoría comercial, integración a mercados— con miras a romper el círculo vicioso de la pobreza y con ello la dependencia de programas sociales.

Un comentario para cerrar. Ejercicios de reflexión y propuesta, como el proyecto “Crisis y pobreza rural en América Latina”, demandan información estadística actualizada. En todos los equipos de trabajo fueron evidentes dos cosas. Por una parte, la tremenda utilidad de las encuestas de hogares para diagnosticar las condiciones de vida de la población. Y por la otra, la urgente necesidad de levantar nueva información que permita hacer evaluaciones y análisis más frescos sobre las condiciones de vida de nuestras poblaciones. Sobre todo, a partir de los profundos cambios que han sucedido en los últimos tres o cuatro años. En el caso de Guatemala estamos navegando con datos del 2006, y ¡vaya si no ha corrido agua bajo el puente!

Infórmese más sobre el tema visitando: www.rimisp.org/dtr/crisisypobrezarural


Este artículo de opinión fue publicado en el Diario Prensa libre de Guatemala.

Crédito fotografía: Samuel Magalhaes / Flickr

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