Posteado por: periodistarural | 10 febrero 2010

Chiloé: ¿estrategias en conflicto u oportunidad desaprovechada?

Por Eduardo Ramírez, Félix Modrego, Julie Macé y Rodrigo Yáñez (Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural).

Columna de opinión publicada en el quinto número de la Revista Equitierra

Cuando en el año 2001 se anunció en Chile el inicio de los estudios para la construcción de un puente que uniría la Isla Grande de Chiloé con el continente –que sería una de las obras emblemáticas de la celebración del Bicentenario– surgieron inmediatas reacciones en la isla, polarizando la sociedad local entre grupos a favor y en contra de la iniciativa. En el debate acerca del puente –proyecto que años más tarde se detuvo por razones económicas– subyacían dos visiones que dividen a la sociedad local y que se expresan también en torno a la fuerte expansión que ha tenido la salmonicultura en la isla en los últimos 20 años: por un lado, están los grupos que buscan fortalecer procesos de desarrollo vinculados con las tradiciones culturales, la idiosincrasia y los recursos naturales existentes y, por el otro, los que apoyan el desarrollo económico sobre la base de la industrialización –principalmente industria acuícola– como opción para el fin del atraso, marginalidad y abandono que ha afectado a la isla por años.

De hecho, las profundas y rápidas transformaciones económicas, sociales y ambientales que se han producido en el archipiélago desde la llegada del salmón, generan un escenario interesante para analizar dinámicas territoriales de desarrollo. Allí Rimisp ha estudiado el conflicto entre la estrategia exógena de desarrollo “modernizador” versus aquella basada en la valorización del patrimonio local, que promueven muchos actores locales.

Lo que ahí se observa es que las dinámicas de desarrollo económico responden a un proceso más amplio, constituyendo la expresión local de la estrategia general de crecimiento del país, un proceso de industrialización acelerado, sobre la base de ventajas comparativas naturales y un mercado externo dinámico. Estas oportunidades son aprovechadas por el capital privado, el que puede acceder a recursos naturales, debido a los cambios producidos en las normas de asignación de estos recursos. Y a la hora de las grandes decisiones territoriales –tomadas por coaliciones extraterritoriales en la capital del país, a más de mil kilómetros de distancia–, las estrategias basadas en los elementos identitarios terminan siendo subordinadas a la propuesta industrial, al tiempo que pierden espacio y comienzan a verse relegadas. Por ejemplo, el turismo –que hoy sigue siendo postulado como la mejor apuesta de desarrollo por la mayoría de los actores que abogan por la valorización de la identidad chilota- se ve negativamente influenciado por la llegada de la gran industria acuícola. Esto se expresa en ámbitos tan diversos como la disponibilidad de mano de obra, los conflictos territoriales por el uso de espacios comunes o la distorsión de la belleza natural que generan las instalaciones para la producción de salmón. Esto contrasta con el principal argumento del discurso modernizador: el importante efecto de la industria acuícola en la generación de empleo, disminución de pobreza y desarrollo de una fuerte economía de servicios alrededor de la salmonicultura.

Unido a los conflictos entre las estrategias de desarrollo, Chiloé también ha sufrido procesos de deterioro ambiental asociados a malas prácticas productivas de la salmonicultura, algo que resulta paradójico si se considera que son justamente las ventajas comparativas que otorga ese medio natural lo que sustentaría a esta industria.

¿Es posible proponer un desarrollo de la industria acuícola, en convivencia y sinergia con aquellas estrategias sustentadas en la rica identidad cultural de la isla, de modo de orientar políticas tendientes a un desarrollo más armónico en el territorio? A nuestro juicio, el caso de Chiloé no debe ser entendido como el de un ejemplo de estrategias de oposición y conflicto, sino como el de una oportunidad desaprovechada para la generación de un modelo de desarrollo inclusivo, ambientalmente sustentable y que no comprometa la identidad cultural. Esto será posible en la medida que la sociedad chilota sea capaz de construir un actor social que lidere las transformaciones necesarias, con participación activa de aquellos actores marginados del desarrollo modernizador para la definición e implementación de estrategias y planes que capitalicen las oportunidades de encuentro entre la visión modernizadora y la tradicional. Sin embargo, este proceso estará condenado al fracaso si no se compromete a la propia industria salmonera. En este contexto, el sector público tiene un rol primordial en la generación de espacios para el diálogo entre las posiciones actualmente en conflicto.

Lea el estudio: “Dinámicas territoriales en Chiloé Central: la fuerza de las coaliciones extra territoriales”. Visitando: www.rimisp.org/dtr/documentos

Los invitamos a leer el quinto número de la Revista Equitierra entrando a:
www.rimisp.org/equitierra

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