Posteado por: periodistarural | 26 abril 2010

Madre tierra, tierra herida

Por Ileana Gómez
Investigadora Principal del Programa Salvadoreño de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente – PRISMA 

En una era de preocupaciones globales la recuperación de la idea de nuestra relación primigenia y básica con la madre naturaleza o madre tierra ha vuelto a ser relevante para diversos actores, movimientos y líderes mundiales.  Sobre todo en momentos en que la crisis por el deterioro de los ecosistemas es evidente y existe una alarma mundialmente compartida por los efectos adversos del cambio climático. ¿Cómo empezó el deterioro de nuestra madre tierra?, ¿Hemos tenido alguna vez experiencias civilizatorias integradas con los ritmos de la naturaleza?, desde la ecología política diversos autores advierten que el origen histórico y social de la crisis ecológica se sitúa en occidente, específicamente en Europa y Norteamérica y tiene que ver con la revolución industrial  en los comienzos del siglo XIX, este despegue coincide con la evolución de un cuerpo de pensamientos que separa al ser humano de la naturaleza: el  pensamiento racionalista desarrolla la idea de que la naturaleza es un recurso controlable; el humanismo supone la existencia de la supremacía absoluta del individuo humano sobre cualquier otra forma de vida; y el capitalismo  convierte en mercancía a los ecosistemas, las especies y las fuentes de energía.

Si bien este pensamiento vinculado a la era que conocemos como “modernidad” ha supuesto un increíble despegue tecnológico, y considerables avances en los campos de salud, educación, informática y comunicaciones, se trata de un bienestar que sigue siendo excluyente y que ha supuesto el agotamiento y degradación significativa de la tierra, el agua y la biodiversidad, debido a que requiere el  uso intensivo de fuentes de combustibles fósiles para un mantener un modelo económico que privilegia  el consumo masivo de productos.

La historia de la explotación de los recursos empezó mucho antes de la modernidad, aunque en menor escala desde la edad antigua existieron civilizaciones y grupos humanos que socavaron la base de sus recursos naturales, lo que dio lugar a innumerables disputas por el acceso a recursos críticos para asegurar la sobrevivencia y el dominio territorial.  Sin embargo, diversas investigaciones desde la antropología, la historia y la arqueología han constatado la existencia de  culturas integradas con la naturaleza gracias a la construcción de una cosmovisión desde la cual la tierra se entendía como un ser vivo, considerado como una deidad, en varias de estas culturas la vida animal y vegetal era tan importante como la vida humana. Registros arqueológicos han revelado como una serie de pueblos  antiguos se basaron en la convivencia y respeto a una naturaleza sobre la base de toda una construcción simbólica, donde la naturaleza era un ser divino. Este conjunto de creencias constituían una cosmovisión desde la cual se regulaba el uso de los recursos, pero también se entendían los ciclos de la vida y de la muerte. La identidad con la naturaleza ha permanecido en la cosmovisión de los pueblos indígenas y de otras poblaciones originarias, por esto no es extraño que el movimiento por los derechos de la madre tierra sea liderado por los pueblos indígenas y que aparezca como una nueva bandera de lucha integradora en contra de un modelo económico-político que parece conducirnos a un caos sin precedentes.

En el día de la tierra es bueno recordar que esta crisis civilizatoria que enfrenta la humanidad es una crisis donde está en juego no sólo la reproducción de nuestra especie sino de la tierra como una totalidad a la que pertenecemos y con la que debemos reencontrarnos. 

Este artículo de opinión fue publicado en el diario digital Contrapunto de El Salvador el 22/04/2010.

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Responses

  1. La madre naturaleza.
    He aprendido a mirarla como un cuerpo con vida muy solitaria en su recorrido alrededor del sol, con su preciosa carga la vida, esperando entendamos cuánto daño le hacemos, la veo como una mujer embarazada, con vida en su vientre, me pregunto si sus movimientos naturales sean con intención de mostrarnos algo, pues cuando nos golpea tan fuerte como lo hizo en México, Haití, Chile no importa que tan lejos estés, te angustia te duele ver el sufrimiento, el sentimiento es ayudar de cualquier forma que puedas, nos unen sus movimientos sus golpes nos enseña que somos una familia llamada humanidad sobre su cuerpo.
    El día que nos demos cuenta lo que somos, y lo reconozcamos ese día aprenderemos que no hay razón ni motivo, para odiarnos o matarnos unos a otros, ese día la madre naturaleza se sentirá feliz y orgullosa de la carga que lleva, ese lindo proceso llamado vida.
    Ramon.


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