Posteado por: periodistarural | 14 junio 2010

Uruguay medirá efecto de producción cárnica en Cambio Climático

Por Juan Scuarcia
Miembro de la Red Prensa Rural
Periodista – Diario La República de Uruguay

Cuando la FAO publicó, en su trabajo titulado La larga sombra de la carne, que la producción cárnica contribuía más que el transporte mundial, al efecto invernadero, la prensa mundial se llenó de titulares acusatorios hacia la ganadería. 

El informe del organismo de la ONU señalaba que la producción de carne generaba el 18% de los gases responsables del efecto invernadero, más que el transporte, en el mundo hubo muchos científicos, ciudadanos, productores y técnicos que pensaron “no, esto no puede ser así, pero nadie hizo nada”, aseguró en Uruguay, el Profesor Frank Mitioehner, de la Universidad de California Davis, de Estados Unidos. El experto visitó nuestro país, invitado por el Instituto Nacional de la Carne-INAC– que ha comenzado a investigar el impacto que tiene la forma de producir carne uruguaya, sobre el cambio climático, un problema que de modo agudo ha ganado el mundo del agro negocio. 

A los titulares de prensa siguieron comparaciones que se extendieron en los medios de comunicación de América del Norte, una de ellas señalaba que, desde el punto de vista ambiental, la diferencia entre andar en el auto más ecológico del mundo y en una gran camioneta, se perdía con sólo comer una hamburguesa por semana. 

El profesor norteamericano y su equipo estudiaron el problema del informe y procuraron cuantificar el impacto de la ganadería en California. 

La más importante sorpresa fue que la FAO a decir del profesor, comparó las emisiones de la ganadería y del transporte, cometiendo un error, “comparó manzanas con naranjas” dijo. Por un lado midió la contribución de la producción ganadera sumando los efectos de cada uno de los eslabones de producción, fertilizantes, producción animal en la granja, transporte, toda la cadena y la comparó con las emisiones de la quema de combustible, sin poner en la cuenta  todos los procesos industriales de fabricación del vehículo, ni siquiera de la extracción y elaboración del combustible. 

Consultado sobre tal error, que comenten los escolares, el experto dijo que “no opinaba sobre el trabajo, que en sus 400 páginas tiene muchos aciertos” dijo. 

Los cálculos del equipo de la Universidad de California fueron concluyentes, los resultados marcan que la producción ganadera contribuye en un 3% en las emisiones de los gases del efecto invernadero, anhídrido carbónico, metano y óxido nitroso.

Si bien la FAO reconoció “haberse apresurado” en sus conclusiones, el daño ya está hecho y la campaña contra la carne, por su efecto nocivo sobre el medio ambiente, continúa, el presidente de INAC, Alfredo Fratti comentó que “este es un tema nuevo, y el instituto en su rol comercial debe evitar que imponga restricciones que impidan que la carne uruguaya pueda entrar a algún mercado”. 

Mitioehner explicó que el problema para nuestro país es que a nivel del primer mundo entra en la zona de Sudamérica, donde países como Brasil y Paraguay están deforestando para incorporar tierras a la ganadería,  de modo indirecto esto es lo que genera el mayor impacto, algo que no acontece con Uruguay. 

El profesor norteamericano mostró datos científicos que revelan que las emisiones de metano no han aumentado de modo significativo en los últimos cincuenta años, gas que es emitido por los rumiantes. Por otro lado el experto destacó que las únicas dos actividades agropecuarias que capturan gases invernaderos son la agricultura y la forestación, que no son bien vistas por un sector importante de la sociedad moderna y que nunca están invitadas a los foros internacionales sobre el cambio climático. 

Mitioehner contó que en algunos negocios de Finlandia y Suecia, en el menú, las hamburguesas tienen un número que no es el precio, sino una medida que indica el grado de contribución que tiene al cambio climático. Esto hace cinco años no pasaba, comentó, y aseguró que las principales cadenas de supermercados del mundo demandan ya a sus proveedores sobre la huella de carbono de sus productos, además algunos países como Nueva Zelanda, que estiman tener ventajas en el tema, buscan concretarlas desde el punto de vista comercial y están en condiciones de medir por ejemplo el impacto que sobre el cambio climático tiene la producción de un litro de leche.

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