Posteado por: Félix Modrego | 21 junio 2010

Los marginados de la innovación agroalimentaria

Por Félix Modrego 
Investigador de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

La innovación es ampliamente reconocida como una condición necesaria para el crecimiento económico sostenido y la reducción de la pobreza, y puede conducir a un desarrollo más inclusivo si los procesos de generación y difusión de conocimiento y aprendizaje contribuyen a reducir las brechas de oportunidades existentes en nuestras sociedades. El Estado de Chile así lo ha reconocido, y ha impulsado desde mediados de la presente década una activa estrategia nacional de innovación que –como han reconocido las autoridades nacionales y sectoriales– hace una apuesta explícita al ganador, fortaleciendo aquellos sectores con un elevado potencial de crecimiento y consolidación en el escenario internacional. Un trabajo encargado al Boston Consulting Group ha definido ocho clusters productivos prioritarios y uno de ellos es la industria de los alimentos. El Ministerio de Agricultura, alineado con esta visión, ha dado prioridad a cinco rubros en su estrategia sectorial de mediano plazo: alimentos procesados, porcino-avicultura, fruticultura, vitivinicultura y carnes bovinas y ovinas.

Esta estrategia tiene profundas implicaciones en términos de distribución de recursos públicos de fomento a la innovación, que van desde la focalización y priorización de iniciativas de inversión, pasando por el diseño de políticas y programas de fomento productivo y transferencia tecnológica, hasta asignación de recursos para la formación de capital humano.

Tiene también importantes consecuencias distributivas en sus impactos potenciales. Como muestran estudios recientes desarrollados por Rimisp en el marco del proyecto “Visión Chile Agroalimentario, Forestal y Rural 2030”, coordinado por la Fundación para la Innovación Agraria del Ministerio de Agricultura, la estrategia sectorial de innovación en la práctica deja al margen a diversos segmentos de las sociedades rurales y dependientes de la agricultura.

Un claro ejemplo de ello es la agricultura familiar. Según los más recientes censos agropecuarios, este grupo se aleja de la visión tradicional de la producción de subsistencia hacia modelos de gestión incipientemente empresariales, con una mayor orientación a los mercados y una amplia capacidad de innovación intrínseca. Sin embargo, este grupo muestra claras fallas en sus iniciativas, como el limitado acceso al crédito, a instrumentos de fortalecimiento del capital humano o a la transferencia tecnológica, entre otros. La política pública parece obviar a este actor en tierra de nadie, con demasiados activos para ser sujeto de la política social, pero con muy pocos para ser foco de las políticas de investigación, desarrollo e innovación.

Otro ejemplo es el de la mano de obra agrícola, eslabón clave en la cadena de generación, difusión e implementación del conocimiento y la tecnología aplicada a la producción sectorial. En Chile los asalariados agrícolas siguen mostrando brechas enormes respecto al resto de los trabajadores del país en términos de capital humano, acceso a tecnologías de información, a capacitación, etcétera. A pesar de algunos avances, el mercado laboral agrícola tampoco ha logrado reducir las disparidades salariales y de condiciones del trabajo, como para contener la migración sectorial y geográfica de quienes tienen las capacidades para optar por empleos en otros sectores de la economía. La estrategia agroalimentaria de innovación todavía está en deuda con el fortalecimiento de la mano de obra y del funcionamiento de los mercados de factores.

Finalmente, la estrategia de innovación deriva en profundas disparidades territoriales. Las cadenas priorizadas se han asentado en zonas dinámicas, muy vinculadas a los centros urbanos y sus mercados, con una fuerte base de servicios y con estructura agraria de corte predominantemente corporativo. Los territorios rurales cuya base económica no se sustenta en estos rubros, en cambio, se caracterizan por elevados niveles de pobreza, aislamiento, con predominancia de la agricultura familiar y, en algunos casos, con conflicto social.

En síntesis, la estrategia de innovación de los clusters excluye por defecto a importantes actores y segmentos del mundo rural de la innovación silvo-agropecuaria. Quizás esto responda a un desconocimiento de los efectos distributivos de este tipo de políticas. O tal vez a un accionar consciente de los tomadores de decisiones. ¿Debe la política de innovación del sector agroalimentario tener un foco explícito sobre la pobreza rural? O por el contrario, ¿debe la innovación potenciar actividades generadoras de excedentes que el Estado pueda después redistribuir a los hogares rezagados por medio de los programas sociales? Esta es la pregunta que definirá los espacios de oportunidad para los agentes de la innovación en el sector agroalimentario en Chile. Sincerar la discusión respecto del rol que deben jugar los actores excluidos parece ser el primer paso hacia una política sectorial de innovación más inclusiva.

Esta columna de opinión fue publicada el 19 de junio en La Jornada del Campo de México.

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