Posteado por: periodistarural | 15 julio 2010

No al oportunismo: hablemos de pobreza y desigualdad

Por Claudia Serrano
Directora ejecutiva de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

Los resultados de la Encuesta Casen 2009 cayeron como una bomba en la escena nacional. Nunca pensamos, ni aún con la crisis económica, que se produciría en Chile un retroceso en materia de medición de pobreza e indigencia. Se produjo fuego cruzado. Como no, si hay quienes vieron la posibilidad de dañar a quien hizo de la protección social su misión de gobierno, la Presidenta Michelle Bachelet.  Pero no es hora de los cálculos políticos mezquinos sino de reflexionar en serio sobre uno de los temas más inquietantes de nuestra sociedad: la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.

Por años, uno de nuestros mayores logros en el plano nacional e internacional fue el éxito exhibido en la lucha contra la pobreza, el que vino asociado a otros resultados importantes en materia de indicadores de desarrollo humano: educación, salud, esperanza de vida, mortalidad infantil, nutrición, entre otros aspectos. Y, de pronto, cuando todas las señales nos hablan de confianza económica y expectativas entusiastas respecto al crecimiento del producto para este año 2010, este balde de agua fría nos llama a detenernos para comprender qué sucede en Chile con los que se quedan abajo, los que por períodos logran progresar, pero no logran afirmar esos progresos, los que viven, en las buenas y en las malas, amenazados por situaciones de riesgo e incertidumbre.

Es trivial, ligero y miope manifestar que, de pronto, las mismas políticas que lograron reducir drásticamente la pobreza en 20 años – pasando de cinco millones de personas viviendo en la pobreza a la mitad -, sean consideradas ineficaces. Quién podría pensar que todo lo que resultó eficaz y bien focalizado, repentinamente, se tornó mal gestionado. Afirmar que la Concertación falló y que sus políticas sociales no focalizaron bien el gasto o despilfarraron recursos, es erróneo y peligroso, pues conduce a una trinchera política de corto alcance, en lugar de reflexionar con apertura y responsable curiosidad acerca de lo que sucedió en Chile en estas materias.

Para poder calibrar y comprender que ha sucedido con la evolución de la pobreza en Chile, es imprescindible tener los datos que nos permitan hilar más fino. Una cosa es cierta, el aumento de  1,4% de pobreza en el país no se distribuye en forma pareja.  Hay regiones y comunas más afectadas, y sectores de población más afectados: mujeres, niños, trabajadores menos calificados.  Para desarrollar los análisis que corresponden necesitamos más información, no propaganda. Evidencias, no reacciones oportunistas. Entonces, con antecedentes incompletos qué tenemos, qué podemos responsablemente afirmar.

Sin discusión alguna, este resultado tiene una relación directa con la crisis económica y de empleo que atravesó Chile el año pasado. Al día de hoy, hay quienes olvidan que hacia mayo del 2009 la economía perdió 240 mil puestos de trabajo. Se perdían empleos ubicados en las mejores posiciones y se echaba mano de alternativas precarias y cuenta propia. Perder el empleo produce un daño gigantesco a la economía familiar, y abre la puerta a la vulnerabilidad y la pobreza.

Para comprender mejor la realidad que implica la pobreza medida por ingreso, hay que incorporar el concepto de vulnerabilidad, que habla de la fortaleza o debilidad de las personas y los hogares para enfrentar situaciones de crisis o riesgo. Las familias de escasos recursos suelen transitar en un umbral de vulnerabilidad que los hace estar dentro y fuera de los sectores pobres a lo largo de la vida. La pobreza no es estática, y este grupo de chilenos enfrenta la vida administrando sus oportunidades con períodos de mejores y peores resultados. Ello depende en parte de sus esfuerzos, de la eficacia de la política social, y de los vaivenes de la economía y el mercado de trabajo.

La posibilidad de las personas y familias de mejorar o superar estas vulnerabilidades está asociada con  un conjunto de factores, entre los cuales, el ingreso es sólo uno de ellos. Son decisivos en este asunto la educación, los valores familiares, el acceso a la salud, la escolaridad, el acceso a redes y contactos, los valores sociales y comunitarios, el lugar de residencia.  De allí la complejidad de las políticas sociales y la necesidad de combinar políticas universales y focalizadas, nacionales y locales, de transferencia directa de ingresos y de inversión en capital humano.  Algunas de estas políticas son inversiones de mediano y largo plazo, y suponen cambios culturales que irán evidenciando resultados en el tiempo. El ejemplo por excelencia es el programa Chile Crece Contigo que apuesta a abrir oportunidades a los niños y niñas desde la infancia.

Sin duda alguna, un tema central para las personas y las familias, junto con la protección que aporta la acción del Estado, se relaciona con el empleo y el ingreso llamado “autónomo”. Y aquí, el discurso político es nuevamente oportunista.  Pareciera que se ha dado vuelta la tortilla. Sectores de derecha que abogaron incansablemente por los beneficios del crecimiento económico y las buenas prácticas de mercado para derramar el progreso hacia los pobres por la sola acción de la economía, hoy señalan que las políticas sociales no lograron su cometido. ¿Por qué olvidan hablar hoy día de las dinámicas de mercado? Quizás porque el asunto no es cuánto derrama el crecimiento económico hacia los sectores localizados en las posiciones más vulnerables de la sociedad, sino que la desigualdad y las dinámicas excluyentes que caracterizan a la sociedad chilena. Mediante políticas activas de empleo es fundamental hacerse cargo más enérgicamente de los temas de empleo e ingreso en Chile. Una parte importante de los temas de distribución de ingreso se juega en las relaciones laborales y las oportunidades que tienen los trabajadores de participar mejor de los logros económicos de las empresas. En un país con tan grandes brechas económicas y sociales, las posibilidades de que los vaivenes de la economía dañen seriamente a quienes están en posiciones más débiles y vulnerables es exageradamente alto. Eso es lo que estamos observando hoy día.

La columna fue publicada en los blogs del Diario La Tercera de Chile el 15 de julio

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