Posteado por: Julio Berdegué | 28 julio 2010

Aprobados en focalización, reprobados en distribución del ingreso

Por Julio Berdegué
Investigador Principal de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y Coordinador del programa Dinámicas Territoriales Rurales

El ministro Felipe Kast nos sigue dando en gotario los datos de la CASEN 2009. En esta última entrega, las informaciones versan sobre la distribución del ingreso. Si bien los datos públicos siguen siendo muy escasos, el panorama ya se está aclarando, y ello permite aventurar que cuando tengamos toda la información disponible, Kast tendrá que dar explicaciones al Presidente Sebastián Piñera.

De los datos entregados el lunes, podemos afirmar matemáticamente dos cosas: Primero, que  el 40% más pobre de la población de Chile  se llevó un 12% de la torta de los ingresos del país derivados del trabajo (llamados “ingresos autónomos“). El 10% más rico de la población de Chile se llevó un 40% de esa misma torta de ingresos autónomos. Hasta aquí el mercado. Lo segundo, pone  en escena al Estado. El 40% más pobre de Chile se llevó el 69% de la torta  de las llamadas transferencias monetarias. El siguiente 40% representado por las clases medias  se llevó  un 27%, y al 20% más rico le tocó apenas el 4% de los subsidios sociales (¡mal hecho; deben ser los mismos que piden factura en el supermercado a nombre de la empresa!). Hasta este punto, el Presidente se apresuró y tuvo el desacierto de afirmar que los dineros de los programas sociales estaban mal focalizados. Por el contrario, Chile aprobó con muy buena nota en materia de focalización del gasto social.

Si queremos que el 40% más pobre aumente los ingresos del trabajo a un 25% (por ejemplo), tendríamos que redistribuir el 60 % del ingreso del 10% más rico. Eso más que a reforma tributaria, suena a revolución social.

Lamentablemente, de los datos publicados por MIDEPLAN se desprenden otras conclusiones menos halagadoras.  Primero, que el modelo económico imperante es fuertemente regresivo, ya que el mercado en Chile da muy pocas oportunidades a quienes ya carecen de casi todo. Segundo, que en distribución de los ingresos del trabajo, Chile reprobó sin mayor discusión. La “vía chilena a la distribución del ingreso” se traduce en transferir ingresos a través de la política social, más la promesa de una educación de calidad y equitativa. Como  no soy experto en educación, me abstengo de  opinar mayormente sobre ese tema.  No obstante, aunque el Ministro Joaquín Lavín lograse mañana revolucionar la educación, ello no afectaría los datos de la CASEN sino hasta unos 20 años más. Es decir, cuando los niños de hoy estén en el mercado de trabajo en cantidades suficientes como para marcar la diferencia. En suma, mientras se revoluciona la educación y ello rinde frutos en la situación social del país, nos está quedando la política social.

¿Qué  dicen los datos? Que pese a que el gasto social está muy bien focalizado, no alcanza a hacer la  diferencia. Porque al capturar el 40% más pobre de Chile el 69% de los subsidios, apenas logra hacer crecer su pedazo de la torta total de los ingresos del país de un miserable 12% a otro miserable 13%. Es decir, la política social está muy bien para reducir pobreza, pero no sirve casi nada para reducir desigualdad. ¿Quiere  decir esto que tienen razón los Vidal y los Girardi que apuestan a la redistribución vía reforma tributaria? Es fácil calcular. Si queremos que el 40% más pobre aumente los ingresos del trabajo a un 25% (por ejemplo), tendríamos que redistribuir el 60 % del ingreso del 10% más rico. Eso más que a reforma tributaria, suena a revolución social. Claramente una reforma tributaria puede ayudar, pero no va resolver el problema.

Así  comienza a aclararse el panorama. Para seguir bajando la pobreza y comenzar a reducir la desigualdad en la distribución del ingreso, debemos comenzar a pensar seriamente y abandonar las apuestas a favor de fórmulas mágicas. Debemos partir por una estrategia nacional, multidimensional, que apunte de manera simultánea a sostener el crecimiento, a eliminar la pobreza y a reducir la desigualdad. Aquí van a tener cabida todas las fórmulas: la creación de mejores empleos, las transferencias focalizadas, la educación pública de calidad, la reforma tributaria y otras que aún no salen a la discusión, como la política industrial y las políticas a favor de un desarrollo económico territorial equilibrado.

La columna fue publicada en el diario electrónico El Mostrador de Chile el 28 de julio

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