Posteado por: Marcelo Uribe | 9 agosto 2010

La Entrada del Gran Poder en La Paz

Por Marcelo Uribe 
Investigador proyecto Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural de Rimisp

La ciudad de La Paz, fundada en octubre de 1548 como núcleo intermedio de tránsito entre los centros mineros y los puertos de la costa, es actualmente uno de los principales espacios de articulación económica y de asentamiento de los migrantes indígenas del altiplano, cuyo movimiento ha creado un punto de encuentro y fusión entre economía y cultura urbano-rural.

La ciudad se ubica en la “hoyada” del Valle de Chuquiago Marka al final de la ruta que atraviesa la región del altiplano desde el suroeste del país. Sus casas colgadas de las laderas de las montañas, con fachadas de ladrillo y la presencia del Illimani a los pies de la ciudad, configuran un paisaje de un atractivo particular. Esta ciudad es sede de una de las principales fiestas del país: la Entrada del Gran Poder.

Durante la colonia, junto al núcleo urbano de españoles y criollos se crearon barrios y parroquias periféricas de “indios” en los que se celebraban fiestas que incorporaban elementos autóctonos. Esta tradición se ha mantenido hasta nuestros días con mucha fuerza, recreándose con el paso del tiempo, particularmente en el occidente del país. 

La Entrada del Gran Poder tiene sus orígenes en la adoración popular de un lienzo del Señor del Gran Poder, que representaba el Misterio de la Trinidad con una figura de tres rostros. La imagen era considerada “contra rito” por las autoridades eclesiásticas de inicios de la republica, hasta que, finalmente, fue aceptada por la iglesia e incorporada dentro del culto religioso oficial.

La fiesta, que se desarrolla anualmente en la ladera oeste y centro de La Paz, genera cambios profundos en la fisonomía y la dinámica de la ciudad durante su celebración. Se inicia casi inmediatamente de concluida la Entrada anterior, con las primeras reuniones de preparación, y va creciendo en intensidad hasta culminar en la Entrada de finales de mayo o principios de junio, en la que participan numerosas comparsas.

En la Entrada se muestra un despliegue impresionante de conjuntos, música, danzas, trajes y máscaras y un “derroche de abundancia”, que es percibido en el imaginario de la población mestiza-blanca como contradictorio con la pobreza existente en el país, y atentatorio contra el progreso económico y el mejoramiento de las condiciones sociales y de vida de los participantes; quienes son incapaces de mejorar porque invierten sus recursos en las fiestas y “dejan de trabajar para bailar”. Otra posición crítica plantea que la fiesta se ha convertido en un negocio, que desvirtúa la religiosidad y los bailes tradicionales distorsionando el acervo folklórico puro.

Sin embargo, una mirada más rigurosa de esta celebración nos muestra una faceta completamente distinta. Según el antropólogo Nico Tossi la vida económica de los cholo-mestizos gira en torno al Gran Poder, que genera un conjunto de transformaciones físicas y materiales esenciales para la reproducción social de este grupo de población. “Las inversiones en lo sobrenatural, el movimiento, la circulación de fuerzas, cuerpos y recursos producidos por la entrada parecen lubricar las relaciones y conexiones a lo largo del tejido urbano y también engendrar una fuerza generadora capaz de impulsar la reproducción y el crecimiento. El concepto de producción del gran poder no es puramente económico, esta también enraizado en una serie de fuerzas espirituales y sentimentales complejas así como dinámicas relacionales”. 

La Fiesta genera, prácticamente durante todo el año, un importante movimiento económico, directo e indirecto, en el que participan artesanos que trabajan en la elaboración de trajes y mascaras, matraqueros, importadores de tela, sastres, modistas, sombrereros, una diversidad de servicios relacionados con la gastronomía, servicios de transporte, orquestas y bandas de música, joyeros, radios, televisión, y un sinnúmero de otros actores. Se estima que, en conjunto, la fiesta genera un movimiento económico que supera los 20 millones de dólares y una participación de 30.000 personas.

A modo de ejemplo, los gastos mínimos de una pareja para bailar en la festividad comprenden: una cuota de ciento cincuenta a doscientos dólares, alrededor de quinientos dólares para los finos ternos y vestidos, y  alrededor de doscientos dólares para gastos de joyas y adornos corporales (Tassi, 2010). 

El potencial de este tipo de fiestas en Bolivia es significativo. Además del Gran Poder se puede mencionar la entrada Universitaria en La Paz, el Carnaval de Oruro, de igual o mayor magnitud que el Gran Poder, la fiesta de la Virgen de Urqupiña en Cochabamba, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe en Entre Ríos-Tarija y una diversidad de fiestas de carácter local que se llevan a cabo en el área rural del país. Sin duda, se baila mucho en Bolivia, pero las fiestas además de un motivo de diversión son un activo importante para la gente, una forma de vida y de generación de riqueza permanente, en una escala cada vez más importante.

Bibliografía:

Nico Tassi
2010 Cuando el baile mueve montañas. Religión y economía cholo-mestizas en La Paz Bolivia.  Editor: Fundación PRAIA. La Paz. Bolivia.

Albo X. y Matïas Preiswerk (Redactores finales)
1986 Los Señores del Gran Poder
Centro de Teología Popular, Taller de Observaciones Culturales. La Paz, Bolivia.

Crédito fotografía: Voces Bolivianas / Flickr

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