Posteado por: periodistarural | 15 agosto 2010

La responsabilidad de las empresas en zonas rurales

Por Claudia Serrano
Directora ejecutiva de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

No tanto como desearíamos, pero crecientemente en Chile las empresas privadas comienzan a asumir compromisos en el área de responsabilidad social empresarial (RSE). ¿Qué significa esto? Que las empresas adquieren responsabilidades de bien público más allá de su negocio. Se refiere a una visión que incorpora una perspectiva de valores y respeto por las personas, las comunidades y el medio ambiente

Una parte de la RSE se vincula con la gestión adecuada en materia de recursos humanos, políticas laborales, seguridad, bienestar social de los trabajadores y las familias. Espacios de diálogo paritario al interior de la organización y respeto a los derechos laborales. Otra parte, con el papel de la empresa en su entorno, de cara al territorio y la comunidad, pensando en el rol activo y comprometido que deben tener en las sociedades donde operan. No se trata de un conjunto de prácticas puntuales motivadas por el marketing. 

Una visión moderna sobre la empresa afirma que ésta necesita desarrollar una mirada más global, y proyectarse en un entorno cada vez más exigente en materias medioambientales y sociales. Las empresas tienen distintas posibilidades de abordar esto. Por ejemplo, pueden optar por acciones de filantropía o asistencia social, buscando con ello morigerar las externalidades negativas que generan en el plano ambiental o social. En buen chileno, pueden intentar simplemente blanquearse para no aparecer como organizaciones orientadas de manera exclusiva y desmedida por la ganancia, sin tomar en cuenta otro tipo de responsabilidades sociales. 

Es legítimo y necesario contar con empresas eficientes y exitosas. Pero también lo es contar con organizaciones – que llegan a obtener considerables utilidades-, que viertan parte de sus ganancias en procesos que colaboren con el entorno. Tienen todas las posibilidades para actuar como agentes de desarrollo y como buenos vecinos, dispuestos a emprender acciones que dinamicen la vida económica y social, más allá de las actividades exclusivas y propias de su esencia. 

En muchas ocasiones y con resultados muy importantes, las empresas chilenas optan por el ámbito de la educación. Esta es un área bien recibida por la población, poco conflictiva, de fácil administración. Sin embargo, es necesario apostar por desafíos más ambiciosos y pensar en un conjunto mayor de prácticas y programas. Miremos las posibilidades que se presentan cuando la empresa privada decide ser parte de programas de desarrollo en los territorios, en base a la experiencia rural. 

¿Qué cosas se están haciendo? En ocasiones se busca actuar socialmente para esquivar conflictos. Por ejemplo, en zonas mapuches del Sur de Chile, invirtiendo en la construcción de una posta, una escuela o un retén policial. De manera más lenta, se comienza a visualizar también la participación de la empresa en los procesos territoriales que suponen dinámicas más complejas y comprensivas, combinando iniciativas sociales y económicas. Surgen entonces experiencias de apoyo en materia de educación y deserción escolar: becas para educación técnico profesional, soporte profesional especializado, transporte escolar para reducir la deserción por aislamiento o problemas de traslados. En el área de nutrición y salud, programas para mejorar hábitos alimenticios; reforzamiento de los horarios de atención para controles médicos, y atención especializada y social para adultos mayores. 

Las novedades de este actuar vienen por el lado económico: incorporar a productores locales a la cadena de proveedores, incentivar la pequeña producción, fortalecer los mercados locales; programas de invernaderos, apoyo a grupos productores de artesanías y comercialización en ferias, camping familiar y pequeños emprendimientos en turismo rural. En la práctica, parece ser que la combinación de asuntos sociales, y dinámicas económicas y productivas, es la única forma de instalar procesos sustentables que generen mejoras. Por esto, es imperativo mirar más allá de los clásicos problemas de salud y educación, e inversión puntual en infraestructura

Para que estas iniciativas sean efectivas en dinamizar la vida local, mejorar oportunidades económicas y superar brechas sociales, es imprescindible tomar decisiones en un marco de diálogo con los actores locales, los que se asumen protagonistas de los procesos de desarrollo. Esos conceptos parecen tomados de otros dominios que no son los de la empresa. Sin embargo, son los conceptos más adecuados a la hora de pensar con una lógica ciudadana en el aporte al entorno que circunda a la empresa. No se trata de darle plata a alguien que lo necesita, sino comprender un modo de vida, desbloqueando las trabas para que las personas sean dueñas de su libertad y oportunidades. Las empresas localizadas en los vastos territorios rurales de Chile tienen mucho que decir sobre esto. Siempre y cuando, se abran a una conversación atenta y sintonizada con el entorno en el que trabajan.

La columna fue publicada en los blogs del Diario La Tercera de Chile el 11 de agosto

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