Posteado por: periodistarural | 13 octubre 2010

Cambio climático, adaptación y pobreza

Por Marx Aguirre Ochoa

El cambio climático es una realidad evidente, que afecta al mundo entero, sus actividades y la vida cotidiana de la población. Las tragedias climatológicas se repiten y el número de muertos por inundaciones, deslaves, maremotos y terremotos, es cada vez mayor. El nivel del mar aumenta sin cesar, la desertificación es un proceso continuo, numerosas especies animales se extinguen y el hombre mismo parecería colocarse ante el riesgo del desastre final.

La naturaleza no se ha dejado conquistar, según el principio acerca de que el “progreso” implicaba el “dominio” total de cuanto rodeaba al ser humano y de que, cuanto mayor fuera este “dominio”, mayores serían las posibilidades de bienestar para todas las sociedades. La idea de progreso, desarrollo, producto interno bruto, condujeron en la práctica a la construcción de recursos y al rompimiento de los equilibrios ambientales y hoy, la naturaleza está cobrando las facturas a tales hechos.

Sin duda, los efectos del cambio climático perjudican a todos, pero los daños no son iguales para cada persona, hogar, comunidad o país, si bien la constante señala siempre a los más pobres, según las evidencias empíricas. En el campo las consecuencias son dramáticas, sequías, inundaciones, cambios bruscos de temperaturas, surgimiento de plagas nuevas, son entre otros, factores reales que conducen a la pérdida de cosechas, de animales, cancelación de ingresos monetarios y hambre, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria.

En este contexto de preocupaciones, el Banco Mundial, Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y el gobierno de Michoacán a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, realizaron una investigación en el campo michoacano, denominada “Desarrollo territorial rural y adaptación al cambio climático”, cuyos objetivos consistían en los siguiente:

1.- ¿Cuál es la capacidad de adaptación de diferentes tipos de territorios rurales?

2.- Al Interior de los territorios rurales, ¿cuál es la capacidad de adaptación de diferentes grupos de hogares?

3.- ¿Qué factores institucionales son los más importantes para mejorar la capacidad de adaptación a nivel territorial?

4.- ¿Qué pueden hacer distintas instituciones para mejorar la capacidad de adaptación de los territorios rurales de Michoacán?

La investigación, realizada entre el 2009 y el 2010 en las regiones del Bajío y el Oriente michoacano, muestran resultados preocupantes por la sobreexplotación y contaminación de los recursos hídricos, la erosión del suelo y la deforestación. Las consecuencias, señalan que Michoacán registrará efectos relevantes debidos al aumento de las temperaturas, los cambios en el patrón y la reducción de las precipitaciones, el aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como los huracanes e inclusive, el aumento en el nivel del mar.

Las formas de adaptación espontánea al cambio climático por parte de los productores rurales, están referidos a la sustitución de cultivos, utilización de semillas nuevas, cambios en las fechas de siembra, uso de otros técnicas de cultivo y, cuando las opciones de cambio se cancelan, primero emigran en las rutas conocidas, a la vez que se refugian en un asistencialismo frecuentemente desmedido.

Ante el cambio climático, los campesinos michoacanos adoptan una estrategia espontánea de sobrevivencia, dejan de sembrar, venden sus pocos animales, buscan emplearse como jornaleros, poden prestado, ponen un pequeño negocio y esperan las remesas de sus familiares migrantes. El cambio climático no es la causa fundamental de la pobreza, pero no existe ninguna duda de que contribuye a su extensión y aceleración en regiones enteras.

Es todavía mucho lo que tiene que investigarse y conocerse sobre el cambio climático, en sus causas y efectos para todo el estado y en particular para el sector rural. Sin embargo, son imprescindibles políticas púbicas que involucren los distintos niveles de gobierno y a la gente misma. La coordinación interinstitucional es imperativa, del mismo modo que las alertas tempranas, los planes y programas con cálculo de riesgos, detener el deterioro de los suelos junto a su más amplia recuperación, conservar y aprovechar racionalmente el agua, reforestar y cancelar las fuentes de contaminación, sin descuido de la educación que permite a la población incorporar capacidades de previsión y respuesta a los cambios que parecen inevitables.

Es innecesario esperar que los impactos económicos notables y la angustia colectiva presionen para poner en marcha estrategias de adaptación efectivas. Aquí y ahora se debe actuar. Este es un llamado del trabajo de RIMISP y la Sedru, en el marco de tareas aún pendientes.

La columna de opinión fue publicada el 7 de octubre en el Cambio de Michoacán de México.

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