Posteado por: periodistarural | 24 octubre 2010

Curahuara, el tesoro oculto del altiplano

Con el rostro azotado por el viento, la pequeña Miriam corretea detrás de un balón de fútbol. Y cuando ya lo tiene cerca, sus abarcas no le impiden dar una certera patada. Esta niña de ocho años es una de las 20 estudiantes de la única escuela existente en Caripe, comunidad ubicada en la provincia Sajama, en Oruro.

El pueblito se encuentra a hora y media de viaje de la población de Curahuara de Carangas, ésta última alberga a una de las iglesias más bellas del país y por cuyo parecido con la famosa basílica del Vaticano (Roma) se la conoce como la “Capilla Sixtina del Altiplano”. Pero éste es sólo uno de los casi 50 templos de gran valor histórico y cultural existentes en la zona. Todos ellos están, además, a los pies del nevado más alto de Bolivia, el Sajama, con 6.542 metros de altura.

Riqueza cultural y belleza natural. Una combinación que puede ser clave para el desarrollo de un pueblo. No es el caso de Curahuara de Carangas, un diamante en bruto para la explotación turística.

En 2005, por Ley 3157, los municipios Turco y Curahuara de Carangas de la provincia Sajama fueron declarados Capitales Bolivianas de la Ganadería Camélida Sudamericana. A pesar de esta nominación, la pobreza cunde entre sus pobladores.

Según datos de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Curahuara de Carangas crece a tasas decrecientes, presenta una densidad baja y una población muy joven. La migración es cada vez mayor: 25 por ciento de su gente se marcha por trabajo temporalmente y el uno por ciento, definitivamente. Los hombres trabajan como agricultores en Chile, y como albañiles y comerciantes en las ciudades de La Paz y Oruro; las mujeres, como empleadas domésticas.

La escasa población que habita sus agrestes parajes se dedica a la crianza de camélidos (llama y alpaca) y a la agricultura para el autoconsumo.

El proyecto Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural de Rimisp apunta que el turismo en el municipio es una actividad importante y con un alto potencial para su economía. Sin embargo, si bien creció en los anteriores 10 años, desde 2003 el número de visitantes nacionales en cada vez menor.

LA VIDA A LOS PIES DEL SAJAMA

Curahuara de Carangas se encuentra a 3.898 metros de altura. Un icono de la zona es el nevado Sajama, conocido también como el “Doctor Sajama”, y sobre el cual sus pobladores cuentan varias leyendas.

Felipa Sánchez, comunaria del cantón Caripe, relata que el cerro tenía una compañera, Anallajchi. Al separarse de ella, tres de sus cuatro hijos se quedaron con la madre, La Paz, Asunta y Natividad; en tanto, el varón, Ch’asqaqollo, con el padre. Estos nombres refieren a las montañas próximas al Sajama. También se dice que éste era tan celoso que con una korawa (onda, en aymara) descabezó a los parispachita, los dos nevados que se hallan actualmente en el lado chileno.

Mientras sus hábiles manos tejen una chompa con lana de alpaca, Felipa cuenta que en su región la única fuente de ingresos es el ganado camélido. “Nada crece aquí, ni papa ni quinua”, se queja la mujer de 45 años y madre de cuatro hijos. Su hija mayor emigró a Arica (Chile) en busca de trabajo.

Desde que enviudó en 2007, Felipa teje chompas, guantes y medias de lana de alpaca para venderlos en el albergue turístico de Tomarapi, ubicado a 15 minutos en vehículo de Caripe. “No se gana mucho —se lamenta—, al mes sólo vendo una chompa”.

Según Lucio Gonzales, responsable y guía del albergue, Tomarapi deriva de la palabra aymara jarap’i, que significa costilla. Parte de su labor es explicar a los visitantes la historia de la capilla del lugar, construida en 1871. “Hasta 1974 la gente bailaba morenada, llamerada y waca waca en la Fiesta del Rosario. Pero apareció la Iglesia Adventista del Séptimo Día y ya no hubo fiestas”.

Lucas Marca, de 22 años, otro comunario del lugar, dice que cada mes arriban al pueblo alrededor de 200 turistas, sobre todo europeos. Lo que más atrae de la región son las iglesias y la escalada al Sajama.

El mismo nombre del nevado tiene un cantón ubicado a 30 minutos de viaje en vehículo y cuatro horas a pie desde Carepi. Es allá donde los niños de esta comunidad y de Tomarapi van a continuar sus estudios de secundaria, pues alberga al colegio Bolivia.

Por esta razón, Nora Sánchez, de 13 años, ocupa un cuartito de estudiante alquilado por sus padres en Sajama. “Me quedo toda la semana y retorno el sábado a mi pueblo (Carepi) y otra vez vengo el domingo”.

Lea el artículo completo en el Diario La Prensa de Bolivia.

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