Posteado por: periodistarural | 30 diciembre 2010

Actuales patrones de urbanización: De la red jerárquica a la pirámide múltiple

Por Fernando Carrión
Coordinador del Programas Estudios de la Ciudad de Flacso Ecuador

En América Latina, el patrón de urbanización vive un profundo proceso de transformación que es importante tener en cuenta a la hora de pensar el desarrollo territorial como un todo: mientras en la década del ‘40 la lógica de la urbanización se dirigió hacia la expansión periférica de las urbes, en la actualidad esa lógica va hacia la ciudad existente, provocando una mutación en la tendencia tradicional del desarrollo urbano exógeno y centrífugo, hacia uno endógeno y centrípeto. Esto significa que estaríamos entrando en una urbanización caracterizada como introspección cosmopolita; es decir, de regreso a la ciudad construida, pero en un contexto de mundialización.

El patrón de urbanización de América Latina –desde la posguerra mundial– se sustentó en dos elementos: las periferias populares con sus denominaciones de villas miseria, favelas, suburbios, pueblos jóvenes o barrios periféricos; y la metropolización. Como resultado de este proceso, se tuvo un crecimiento de la ciudad con alta primacía urbana (macrocefalia) y con un desborde de sus límites físicos que llevó a la superposición de jurisdicciones territoriales, como en México o Buenos Aires, y que desbordó la institucionalidad urbana para atender el crecimiento. De allí que se crearon múltiples problemas de coordinación entre las distintas administraciones municipales y provinciales, de identidad y de falta de respuesta ante las crecientes demandas de la población.

En este contexto, se produce una mutación importante: se pasa del concepto tradicional ciudad frontera, nacida en el marco de la primera modernidad, al de ciudad en red propio de la post modernidad, en la que mucho tienen que ver los procesos concurrentes de globalización (integración de mercados, reforma del Estado y desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación) y de transición demográfica (nuevas formas de migración y paso de las ciudades de campesinos a las ciudades de pobres).

La nueva realidad hizo pensar en nuevas formas de gobierno de las aglomeraciones metropolitanas en América Latina, en las que predominaron cuatro posibilidades: la creación de una entidad supraurbana (Buenos Aires), el fortalecimiento de los mecanismos de mancomunidad (El Salvador), el planteamiento de criterios de fragmentación (Santiago) o el fortalecimiento de la unicidad del gobierno (Quito).

En este principio de siglo, las aglomeraciones metropolitanas se convirtieron en centro de debate respecto de su gobernabilidad, porque el proceso de globalización les otorga la funcionalidad de anclajes estratégicos de la integración; justo en un momento en el que la ciudad y su gobierno se empoderan gracias a su conversión en actores con protagonismo internacional. Son gérmenes de las llamadas ciudades-Estado. De esta manera, las aglomeraciones metropolitanas son unidades complejas y grandes (metrópolis) que comprenden unidades territoriales distantes, distintas y discontinuas que buscan nuevas formas de gobierno.

La experiencia indica que un gobierno metropolitano en la hora actual debe tener autoridades electas, recursos propios, competencias suficientes y legitimidad social. Si bien este planteamiento no se discute, a la hora de llevarlo a la práctica, se tienen dos modelos claramente identificados: uno que apuesta por la vía mercantil y el otro que le asigna mayor peso a lo ciudadano (enfoque de derechos) y a lo público.

La ciudad del mercado parte de la crítica a lo estatal, por ineficiente y centralizado, y encuentra su salida en la privatización mediante empresas, fundaciones, corporaciones y concesiones. El alcalde pasa a llamarse gerente y en el presupuesto se priorizan las tasas. Ejemplos: Curitiba, Monterrey, Lima y Quito. En cambio, la ciudad de lo público es pensada desde la reingeniería del aparato municipal y de la concepción de la ciudad como espacio público. El alcalde asume la condición de jefe de gobierno, porque el municipio tiene múltiples competencias (no solo servicios), y en lo económico privilegia los impuestos. Casos emblemáticos son: México DF, Bogotá, Montevideo.

Esta ciudad abarca cada vez más territorios distantes, discontinuos y distintos, tanto que tiende a definirse como ciudad difusa o ciudad región. La concentración de la población urbana supera el 80%, el ciclo de la migración rural-urbana tiende a cerrarse y se abren la urbana-urbana e internacional, la tradicional contradicción campo/ciudad se redefine, y las ciudades pequeñas y medias operan como intermediarias con el campo y las grandes como nodos de articulación mundial. En ese sentido, la red urbana es menos una jerarquía y más una pirámide múltiple.

Los invitamos a leer el séptimo número de la Revista Equitierra entrando a:

www.rimisp.org/equitierra

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