Posteado por: periodistarural | 22 febrero 2011

Adaptación al cambio climático: aprendiendo desde la experiencia

Por Eduardo Ramírez
Investigador de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

La discusión sobre cómo el mundo rural debe adaptarse al cambio climático a menudo se realiza en medio de fuertes incertidumbres sobre los sucesos futuros. Sin embargo, este debate puede ser más atingente si se mira cuál ha sido la experiencia de las comunidades para enfrentar shocks climáticos en el pasado. Ello puede constituirse en una buena guía para entender sus probables estrategias de adaptación frente a este actual fenómeno global.

Esa fue la aproximación de tres estudios del programa Dinámicas Territoriales Rurales de Rimisp, realizados en Michoacán (México), Jauja (Perú) y en los municipios de Castañuelas, Nagua, Villa Riva y Tamayo (República Dominicana).

Estos casos demuestran que las estrategias de adaptación se relacionan con el tipo de evento climático al que se enfrentan los hogares. Shocks extremos –como huracanes o inundaciones– conducen normalmente a acciones reactivas que, una vez superado el evento, son  abandonadas para volver a estrategias de vida similares a las que se tenía antes del evento. Si el cambio climático provoca una mayor frecuencia de fenómenos de este tipo, el desarrollo económico de los territorios se condiciona fuertemente, transformando las estrategias de adaptación reactivas en una suerte de impuesto que va en aumento.

En cambio, en los lugares donde el cambio climático genera una modificación gradual, pero sostenida de las condiciones climáticas, se tiende a acciones de diversificación que generalmente se sostienen en decisiones de más largo aliento. Las inversiones en sistemas de conducción de agua para el riego son un ejemplo.

Está claro que la inversión en bienes públicos y el desarrollo de capacidades para favorecer las estrategias de adaptación preventivas son las que más reducen la vulnerabilidad de los hogares y de los territorios. Pero en la práctica son las menos frecuentes. Por ejemplo, una barrera de contención del río mejora la capacidad de resistir las crecidas a todos los que están bajo su área de influencia, o una variedad de papa más resistente a la sequía mejora la adaptación de todos los que cultivan este producto.

Se requieren incentivos específicos para generar este tipo de estrategias de adaptación en los territorios, así como políticas que aborden desde inversiones físicas hasta aquellas denominadas “suaves”, como el conocimiento de nuevas técnicas de cultivo y almacenaje, o las capacidades de planificación y de acción colectiva a nivel local, entre otras.

Hay que tener en cuenta que los grupos vulnerables tienen más dificultades para desarrollar estrategias de adaptación, dado su limitado acceso al financiamiento y a la tierra, y su menor capacidad de establecer redes dentro y fuera del territorio. Por eso es esencial implementar políticas de focalización y de apoyo dirigidas a estos grupos, centradas en el desarrollo de sus activos y capacidades.

Los casos estudiados indican que el acceso a financiamiento es esencial, independiente del país y del tipo de evento climático que se enfrenta. Sin mayor acceso a financiamiento será extraordinariamente difícil que los territorios mejoren sus capacidades y estrategias de adaptación. Esto impone un desafío al desarrollo de políticas para ampliar la cobertura y la profundidad de los sistemas de financiamiento, y considerar la vulnerabilidad al cambio climático como un criterio de focalización de dichos servicios.

Es importante también tener presente que en los territorios donde hay más redes de colaboración, más participación de las organizaciones de base y más capacidad de los dirigentes políticos locales, los acuerdos se implementan de manera llana y se contribuye al sostenimiento de estrategias de adaptación. Por ejemplo, las inversiones en conducción de agua para regadío, o en obras de contención de los cauces de los ríos, se verifican con mayor frecuencia donde hay asociativismo de los gobiernos locales.

Así, el desarrollo de políticas que potencien las facultades de los gobiernos municipales para conformar asociaciones territoriales, aumentará las capacidades de adaptación al cambio climático en los territorios.

La experiencia demuestra que los procesos de planificación para enfrentar el cambio climático no solo deben incorporar los diferentes niveles de la administración pública, sino también a los agentes privados y de la sociedad civil. No hay que olvidar que, aun en presencia de institucionalidad formal de nivel nacional y local que se ocupa de las distintas estrategias territoriales, las organizaciones informales locales son agentes clave para dar auxilio a las familias en la emergencia y sostener los procesos de adaptación de las mismas.

Los invitamos a leer el octavo número de la Revista Equitierra entrando a:
www.rimisp.org/equitierra

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