Posteado por: periodistarural | 4 marzo 2011

El reposicionamiento de los sistemas de extensión rural: requisito para innovar

Por Francisco Aguirre 
Investigador Principal de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

Dos encuentros sobre sistemas de extensión rural se realizaron en Santiago de Chile a fines de 2010 (Ver más en: www.rimisp.org/proyectos/index_proy.php?id_proyecto=261).  Uno, que reunió a especialistas y líderes de organizaciones de productores de América Latina, y otro que convocó a una diversidad de instituciones y organizaciones de todo el mundo. ¿Por qué renace el interés en un tema como la extensión, que en los últimos años no era prioridad para el sector rural; como sí lo eran la innovación, los encadenamientos productivos y el manejo de los recursos naturales?

Entenderemos la extensión como los sistemas que deben facilitar el acceso al conocimiento, información y tecnologías a agricultores y sus familias, sus organizaciones y otros actores del mercado, junto con contribuir a la interacción con contrapartes en investigación, educación, agronegocios y otras instituciones relevantes, y asesorarlos en el desarrollo de sus propias habilidades y destrezas técnicas, organizacionales y de gestión. La extensión se concibe entonces como un elemento articulador que genera cambios que benefician a una buena parte de la población.

En la actualidad es de gran relevancia identificar a la diversidad de usuarios de los sistemas de extensión, como también comprender la creciente complejidad de demanda de asesoramiento del mundo rural que no se restringe a lo productivo-agrícola, y que debe abordar el conjunto de la estrategia de generación de ingresos de la familia rural. De este modo, la reforma de la extensión debe comprender un amplio rango de actores y reconocerse como parte de un sistema de innovación.

El exigente radio de acción de la extensión rural, hace cada vez más evidente que los profundos cambios que se han producido en la sociedad rural no están siendo adecuadamente comprendidos por las instituciones, las que no están colaborando con el desarrollo de las capacidades de las personas y organizaciones locales de la mejor forma. La pluriactividad, la masificación del uso de nuevas tecnologías, las alianzas productivas entre pequeños productores y empresas procesadoras, la mayor sofisticación de las tecnologías de producción y la necesidad de manejar eficientemente los recursos naturales, son todos temas que requieren de sistemas de extensión modernos, capaces de entender y transmitir los conocimientos y capacidades.

En las principales instituciones del mundo existe una fuerte crítica hacia la forma en que se han organizado los sistemas de extensión. La privatización generalizada de los sistemas no da las respuestas que se requieren. En los países en desarrollo, no se han generado los mecanismos adecuados para construir y operar sistemas desde la demanda, donde los productores y sus organizaciones tengan las capacidades para influir y exigir programas de extensión según sus necesidades, y así disponer del instrumental y el financiamiento para evaluar la calidad de los servicios que se les entregan.

Hoy el mundo rural tiene una relación compleja con los mercados; los productos y servicios son más sofisticados y los consumidores son particularmente exigentes. Las necesidades de información, capacitación y negociación de los productores y sus organizaciones, requiere de las mejores instituciones y personas que prestan los servicios de extensión. Esto se relaciona con cambios sustantivos en la formación universitaria y técnica, la que actualmente evidencia una debilidad importante en el tema.

Sin embargo, hay numerosos casos en diversos países de experiencias exitosas que podrían potencialmente transformarse en modelos a replicar. Estas “islas de éxito” pueden ser aprovechadas si son adecuadamente sistematizadas y se integran en una discusión para incidir en las políticas públicas, lo que requiere de un liderazgo efectivo que sea no solamente capaz de conducir un proceso de reflexión sobre el tema, sino también levantar propuestas de política, establecer redes internacionales de aprendizaje, proponer sistemas de desarrollo de capacidades, de seguimiento y evaluación, y financiamiento.

Un proceso exitoso de reposicionamiento de la extensión como parte de un dinámico proceso de innovación en los territorios, pasa necesariamente por la articulación de actores tanto institucionales como de organizaciones de productores, centros de investigación y empresas. Sólo un proyecto común servirá para fortalecer las capacidades necesarias.

Los invitamos a leer el octavo número de la Revista Equitierra entrando a:
www.rimisp.org/equitierra

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