Posteado por: periodistarural | 2 mayo 2011

Chile, sus compromisos del Milenio y la población indígena

Por Eduardo Ramírez
Investigador de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

En septiembre de 2000, 189 países firmaron la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, en la que se comprometieron a erradicar la pobreza extrema en todas sus formas para 2015. Chile es parte de ese grupo de países. A la fecha, el país ha presentado tres informes sobre el grado de cumplimiento de sus metas. Los resultados son optimistas, aunque que se reconocen brechas en ciertos compromisos. Pero en general la posición de Chile parece ser bastante auspiciosa.

Sin embargo, como siempre sucede con los promedios, una vez que se indaga la posición específica de grupos o territorios dentro del país, la condición ciertamente muestra matices que pueden ser bastante importantes y alarmantes en algunos casos. Está documentado que Chile es uno de los países con mayor desigualdad de ingresos del mundo, esta realidad nos obliga a examinar con más detalle los números que se presentan a nivel agregado. Por ejemplo, verificar si el cumplimiento de las Metas del Milenio alcanza de la misma manera a los diversos pueblos indígenas de Chile. Este análisis es de relevancia dado que en el país se reconocen nueve pueblos originarios y el 4,6% de la población se declara pertenecer a alguno de ellos.  

Los compromisos del Milenio comprenden 48 metas que se refieren a ocho objetivos de desarrollo y que en el caso de Chile, se miden a través de 93 indicadores. Lo primero que podemos inferir al tratar de conocer el comportamiento de estos indicadores en la población indígena, es que la tarea es compleja y prácticamente imposible en algunos de ellos. Sencillamente en Chile la información sobre nuestros pueblos originarios es escasa, dispersa en numerosas reparticiones, con diferentes estándares  de calidad y trasparencia y, muy contadas veces, posibilitan un análisis diferenciado por grupo étnico. Aquí ya hay un desafío para el sistema de estadísticas nacionales.  

De la información que se puede analizar con este lente, sí podemos verificar algunas diferencias entre la población indígena y la que no lo es. Por ejemplo, al comparar el porcentaje de la población cuyos ingresos son inferiores a US$1,25 diarios (uno de los indicadores del Objetivo uno del Milenio), se observa que, pese al progreso considerable entre el año 1996 y el 2009, aún hoy el 2,7% de la población indígena vive con menos de esa cantidad de dinero en un día en comparación con el 1,4% que muestra la población no indígena. Si bien los niveles son muy bajos y ya se ha cumplido la meta comprometida al 2015, es importante persistir en el cierre de este tipo de brechas.  

En educación los resultados no son tan positivos. Por ejemplo, en el indicador que mide la tasa de conclusión de la enseñanza media en personas de  entre 20 y 24 años, se presentan diferencias bastante  importantes. En este indicador, la meta a alcanzar al año 2015 es del 90,5%. En el  año 2009, un 82,1% de la población no indígena concluyó la enseñanza media, mientras que la población indígena  sólo el 73,7%. Si la educación es la llave maestra para surgir en un país de oportunidades como nos informa el gobierno, al menos estamos con problemas en una fracción importante de la población.

En todo caso, se reconoce que Chile hace un esfuerzo importante en mejorar la cobertura y calidad de la educación, los resultados de las mediciones SIMCE arrojan mejorías consistentes y las políticas muestran un razonable acuerdo entre diversos sectores políticos del país. Es posible ser optimista con las futuras generaciones, pues tendrán más años de estudio y habrán aprendido mejor. Sin embargo, hay una brecha muy importante en los que ya terminaron (o abandonaron) la educación formal. Este grupo de personas son la base de los hogares de los próximos 30 años, si no hacemos algo hoy, la desigualdad y la pobreza persistirán, y las diferencias entre la población indígena y no indígena probablemente no se estrechen. El Estado falló en brindar cobertura y calidad de educación a este grupo de la población chilena.  

Nos deberíamos preguntar seriamente qué podemos hacer como sociedad y cómo el Estado puede saldar en parte esta deuda. Después de todo, la sociedad de oportunidades requiere de ciertos niveles mínimos a ser alcanzados. Partamos por cumplir los compromisos internacionales no solo en los promedios sino que también al interior de la franja larga, angosta y, por el momento, desigual tierra en que vivimos.

La columna de opinión fue publicada en El Quinto Poder, Chile.

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