Posteado por: Julio Berdegué | 20 junio 2011

¿Y cuál es el problema si Chile tiene billonarios triple XL?

Por Julio Berdegué
Investigador de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y Coordinador del programa Dinámicas Territoriales Rurales

En un artículo publicado hace unos días acá en El Quinto Poder, señalaba que la fortuna de las cuatro familias más ricas de Chile equivalía al ingreso anual del 80% de los chilenos. Decía también que en Chile había más multi-billonarios que en países mucho más poblados y más ricos, pero más desarrollados, es decir, con una mejor distribución de la riqueza.

Estas son las cifras. Chile es un top 10 mundial en la extrema concentración de la riqueza. Más concreto: la fortuna de los Luksic, los Matte, Horst Paulmann, y Sebastían Piñera (según reporta la revista Forbes), equivale al 21% del Producto Interno Bruto nacional. Es decir, estas cuatro familias tienen un patrimonio neto igual a uno de cada cinco pesos de lo que el país produjo en el 2010. Chile no tiene simples billonarios, tiene billonarios triple XL, ultra large. Le ganamos a México por paliza (sus billonarios tienen una fortuna de apenas 12% del PIB de su país) y para qué decir a Colombia y Brasil (mediocres 7% y 6%, respectivamente), a Venezuela (raquítico 3%) y a Argentina (un 2% para la risa). Y para qué decir de países que son unos verdaderos pichiruchis en materia de billonarios, como Finlandia (1%), Holanda (2%), o Dinamarca (3%). Al lado de nuestros billonarios triple XL, hasta los jeques de Arabia Saudita (13%) y el mismísimo Bill Gates y sus colegas billonarios norteamericanos (12%), son un moco de pavo. Si alguien quiere saber de billonarios de verdad, que venga a Chile, nada de cuentos.

Pero algunos lectores de la columna anterior sobre este mismo tema, me hicieron una buena pregunta: ¿Y qué? ¿Qué importa? Yo digo que sí importa. Importa antes que nada por razones éticas, porque en mi opinión, no está bien que cuatro familias puedan concentrar tanta, tanta, tanta riqueza cuando muchos de sus compatriotas tienen tantas necesidades insatisfechas y tantas dificultades para sacar adelante a sus familias. Pero si acaso usted tiene una opinión diferente desde la perspectiva ética, también pienso que semejante concentración de la riqueza no es buena por motivos más instrumentales. Vamos viendo lo que han dicho economistas convencionales, nada radicales ninguno de ellos, sobre los efectos de la extrema concentración de la riqueza.

Hay evidencia de que en países en desarrollo los niveles extremos de desigualdad reducen las tasas de crecimiento (según estudios de los expertos Deininger y Olinto); que la concentración del poder político asociado a la inequidad social resulta en políticas de desarrollo sub-óptimas desde el punto de vista de la eficiencia económica (Acemoglu y sus colaboradores); que la desigualdad reduce el impacto del crecimiento sobre la pobreza (Bourguignon);  que la desigualdad de oportunidades (es decir, el acceso desigual a los activos)  es aún más perjudicial que la desigualdad en la distribución del ingreso (Birdsall y Londoño); que la interacción entre fallas de mercado y acceso desigual a los activos es particularmente dañina para las oportunidades de crecimiento (Bardhan y Carter y Zimmerman);  que en sociedades desiguales las élites tienen una influencia desmedida en los procesos políticos y en las instituciones de tal forma que éstas tienden a reproducir la desigualdad (de Ferranti y sus colaboradores y el Informe del Desarrollo Mundial del Banco Mundial en 2006) y, en fin; que la auto-retroalimentación de las instituciones y políticas causantes de la inequidad puede llegar al extremo de colocar a la sociedad en verdaderas trampas de desigualdad (Bourguignon y sus colaboradores y Tilly).

O sea, el que tengamos estos súper-billonarios en Chile es un problema para el país, para su crecimiento futuro, para el impacto del crecimiento sobre la pobreza y para la calidad del sistema político y de las instituciones, entre otros daños. Los perjudicados no son solo los más pobres, somos todos, es el país.

¿Y qué se puede hacer? Insisto en lo ya dicho. Cinco cosas bastante concretas, nada radicales, todas ellas practicadas por esos países a los que queremos parecernos en ingresos per cápita. Primero, reforma tributaria para tener una estructura de impuestos menos regresiva. Segundo, equidad de acceso a educación de calidad. Tercero, sindicatos con poder para negociar. Cuarto, reducir las discriminaciones de género y de etnia. Quinto, cohesión territorial. Nada más, nada menos. Esta es una agenda concreta para la equidad.

¿Para cuándo todo eso? Bueno, el Presidente Piñera nos ha llamado a que lleguemos al 2020 con el ingreso per cápita de Portugal. Buena meta, estoy a favor. Pero, además, propongo que lleguemos al 2020 también con esta otra característica de Portugal: que la fortuna de nuestros súper-billonarios no supere el 4% del PIB nacional, en vez del actual 21%.  Es decir, sí con ganas al ingreso de país desarrollado, pero sí también a la equidad de país desarrollado.

Columna fue publicada en el sitio web informativo El Quinto Poder – Chile

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