Posteado por: periodistarural | 29 junio 2011

Hacer gestión territorial… y no morir en el intento

Por Jaime Tohá
Ex Ministro de Estado de Chile y ex Intendente de la Región del Bío Bío

¿Cómo hacer gestión pública territorial en un Estado sectorial y centralizado, y no morir en el intento? Esta fue la pregunta que se me pidió responder en un panel del Encuentro 2011 Territorios Rurales en Movimiento del Programa Dinámicas Territoriales Rurales de Rimisp, y que abordé a partir de mi experiencia en la región de Bío Bío en Chile, de la cual fui Intendente durante los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

Esta región tiene dos millones de habitantes, representa el 9% del Producto Interno Bruto del país, y tiene grandes fortalezas económicas, incluyendo su potencialidad forestal y pesquera, su industria petroquímica y un fuerte complejo portuario, entre otras. Cuenta con una historia social muy rica, con un polo universitario, y una agricultura en fase de transformación. Pero también tiene varios municipios con los menores índices de desarrollo humano en Chile, con alto desempleo y profundas inequidades sociales y territoriales. Y el medio rural, pese a los avances de los últimos 20 años, presenta siempre un rezago respecto de las zonas urbanas.

El año 2000 formulamos una estrategia de desarrollo regional para crear territorios con una dimensión distinta de la división político-administrativa del país. La región consta de cuatro provincias que suman 54 municipios, pero su delimitación no tenía ningún significado en su origen y varios municipios tenían muy pocos habitantes, no contando una masa crítica para poder abordar muchos desafíos.

Con una participación central de los municipios y sus alcaldes, se decidió en forma aceptada políticamente, aunque no consagrada legalmente, constituir nueve territorios, cada uno como una asociación de municipios que no obedece a límites aleatorios, sino a rasgos históricos, culturales, fisiográficos y económicos. ¿Objetivo central?: reequilibrar inequidades, propiciando en cada territorio un proceso de desarrollo lo más integral y pertinente posible, creando un modelo institucional y presupuestario ad hoc y cercano a los ciudadanos.

La experiencia se desarrolla en un país extraordinariamente presidencialista, verticalista, centralizado y sectorializado, en un marco de profunda desconfianza del mundo parlamentario y de indiferencia de los partidos políticos. Pero, también, con una fuerte adhesión del consejo regional, los municipios, una parte de la sociedad civil y medios de comunicación.

El proceso contó con la complicidad de la Subsecretaría de Desarrollo Regional del Ministerio del Interior y de la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda. Gracias a esto, pudimos avanzar a través de presupuestos sectoriales y regionales que obligatoriamente estaban expresados territorio por territorio.

Un instrumento fundamental fue la promoción de la asociatividad municipal, que debió recurrir a sus propias fórmulas, ya que no existía la posibilidad de establecer asociaciones de municipios, salvo para objetivos culturales. Los programas de mejoramiento de la gestión pública incorporaron el factor territorio como categoría obligatoria en la evaluación de analistas y funcionarios, recibiendo éstos incentivos en su remuneración cuando eran evaluados exitosamente. Además, se establecieron en la región comités de gestión de recursos, donde estaban todos los sectores que invierten por parte del Estado, comprometiendo formalmente fondos para destinarlos a un territorio particular.

Esta experiencia nos demuestra, entre otras cosas, que:

Reequilibrar el poder significa lucha, ideas y opciones probables. No es algo que pueda estar inserto en un decreto, en una ley o una decisión administrativa.

• Más que modificaciones institucionales, que siempre son útiles, lo fundamental debe ser el concepto de gobernanza territorial.

La gestión territorial implica una profundización y consolidación de la democracia a partir de procesos de participación ciudadana vinculantes. El reencuentro del ciudadano con lo público se tiene que producir a partir de los territorios, de los municipios, del poder local.

• La gestión territorial debe ir de la mano con una sociedad civil empoderada, lo que significa invertir en la formación de liderazgos y en la construcción de capital social, ligado a la identidad del territorio.

Fortalecer la cooperación público-privada y los encadenamientos productivos es fundamental para la gestión territorial.

Sin inversión pública, sin subsidios estatales focalizados, no se puede pensar que territorios donde parte de su población vive en la marginalidad, puedan encontrar realmente una oportunidad.

Para concluir, resalto mi convicción de que son los municipios –incluyendo tanto las autoridades locales como los ciudadanos– quienes deben ser los titulares del poder local para encabezar el proceso de desarrollo de los territorios.

Columna publicada en Revista Equitierra Nº9. Léala entrando a:
www.rimisp.org/equitierra

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: