Posteado por: periodistarural | 6 octubre 2011

Tañi Rakizuam (mi pensamiento)

Por Isabel Cañet, Kolectivo We Newen

Estimo que un número importante de jóvenes mapuche universitarios piensan en contribuir y retribuir a su sociedad. Más aun cuando se adquieren herramientas técnicas y profesionales que incrementan, en potencial, el impacto de esa contribución. Ahora bien, ¿cómo se puede potenciar esto?

Las dificultades  radican en el factor económico que  aleja “forzosamente” al estudiante Mapuche de su sector de origen. La situación de pobreza de la sociedad mapuche es una realidad concreta que fuerza la migración a la ciudad, en búsqueda de fuentes laborales que no existen en sus comunidades.

Esa misma situación impacta al mapuche estudiante que trabaja  los veranos como temporero/a para solventar su matrícula (en un alto porcentaje). Por lo mismo es que durante sus años de estudio, los jóvenes que residen en los hogares mapuche, se alejan de las actividades de su comunidad, debido a la distancia de su lugar de procedencia con la ciudad y a la carga académica.

A lo anterior se suma que, una vez terminada la carrera universitaria, en muchos casos, no existen fuentes laborales cercanas al sector de origen, lo que obliga a los estudiantes y profesionales a proyectarse en la ciudad, continuando así la política de despojo y migración forzosa. No hay solvencia económica que incentive y sustente su retorno.

Claramente esto último es consecuencia de un proceso histórico  y traumático de colonización por parte del Estado chileno que se perpetúa desde finalizada la guerra de invasión o la “Pacificación de la Araucanía”; proceso en el que la sociedad mapuche perdió su soberanía y fue reducida a comunidades.

La sociedad mapuche fue empobrecida y obligada a un proceso intenso de asimilación al Estado, generado por políticas colonialistas en base a la educación, religión e instrucción laboral. Esto sumado a la reconversión de su economía ganadera a la agricultura de subsistencia, el Mapuche tuvo que aprender el castellano y someterse al cristianismo (en sus diversas expresiones). Este proceso marcó el presente de la sociedad mapuche.

La “pertinencia” de la educación formal es hoy en día otro punto de enorme importancia. Si bien se reconocen esfuerzos por avanzar en esta materia por parte del Estado, la Educación Intercultural Bilingüe, EIB (que no es obligatoria en todos los establecimientos educacionales), éstos  no son suficientes. Para revertir las políticas violentas se requiere de un real compromiso y voluntad política, y los leves intentos del Estado no se perciben desde el Pueblo Mapuche como verdadero y a veces legítimo.

Los contextos políticos también lo demuestran así, si no, basta con ver la poca pertinencia de la Constitución chilena, y las políticas asistencialistas de la Concertación y del actual  bloque de gobierno, u observar el quehacer del ministerio que se preocupa de los indígenas en Chile (MIDEPLAN): el mismo ministerio que se preocupa de la pobreza extrema, de los indigentes, de los adultos mayores y de la todo “lo que no cabe” en otros ministerios.

¿Cuántos años se demoró el gobierno en promulgar una Ley Indígena y Ratificar el Convenio 169 de la OIT? Este último promulgado gracias a la presión de los propios pueblo originarios, puntualmente el Mapuche, y aun así con trabas como el Decreto 124 que limita la consulta y participación real en materias que les conciernen a estos pueblos.

En la educación superior tampoco existe esta “pertinencia”. No hay una real preocupación por respetar lo diverso y valorar las diferencias. Chile sigue siendo un país racista y poco tolerante con lo Mapuche. Los esfuerzos del gobierno por hacer una sociedad homogénea, monolingüe y monocultural son fomentados consciente o inconscientemente por las universidades y sus académicos.

Las mallas académicas están diseñadas para  preparar a profesionales  mapuche que trabajarán en realidades muy distintas a las de su lugar de origen (llámese  comunidad, lof, comuna, ciudad) lo que repercute en escasas herramientas técnicas-profesionales para enfrentar un contexto  propio en consecuencia y  pertinencia.

La educación superior es a todas luces un agente relevante para incentivar el desarrollo de la población mapuche. Pero debe ser pertinente y adecuada, no enajenante. Y en una región –La Araucanía- donde la población Mapuche es constante y real, deben existir políticas reales de interculturalidad, orientadas hacia los pueblos originarios, a chilenas y chilenos, quienes también  deben  ser parte de este proceso. Así se podrá formar profesionales acordes a las necesidades locales, capaces de producir cambios significativos en esta región compartida por dos pueblos.

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