Posteado por: periodistarural | 9 enero 2012

Negocios incluyentes con mujeres rurales: aprendizajes del caso de Wakami

Por Juan Cheaz
Investigador de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y coordinador proyecto Alianzas para el Empoderamiento Económico (AEE)

Una de las características más sobresalientes de la globalización económica ha sido la creciente transnacionalización de la producción por medio de cadenas productivas globales. En ese marco, uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan grupos sociales y territorios específicos en países pobres es lograr una inserción dinámica y autosostenida en mercados ampliados y una articulación ventajosa en cadenas productivas.

Estos retos se tornan particularmente difíciles en el caso de grupos tradicionalmente excluidos o discriminados, como las mujeres o las poblaciones indígenas o afrodescendientes, que por lo general tienen menos medios productivos, menos acceso a servicios sociales básicos y a oportunidades de capacitación profesional, y menor poder para cambiar los roles tradicionales que la sociedad les ha asignado y la valoración que ésta hace de su trabajo.

En este contexto, resulta esperanzadora la experiencia del proyecto “Incubación Empresarial con Mujeres Rurales”, ejecutado por la empresa Kiej de los Bosques y la ONG Comunidades de la Tierra (CdT).

Aplicando los aprendizajes de negocios incluyentes con la formación de Fibras Nativos S.A. y Sacalá S.A., impulsaron en los dos últimos años la creación de ocho empresas gestionadas por mujeres rurales en las localidades de El Tejar, Villa Canales Guatemala, San José Pinulas, Sacatepequez y Retalhuleu. Cinco de ellas comercializan actualmente sus productos de bisutería a nivel nacional e internacional, bajo la marca Wakami.

Este ejemplo muestra el potencial que tiene un esfuerzo de desarrollo de personas pobres dirigido a identificar sus potencialidades productivas, a organizarse, a aprender para producir colectivamente y a vender en mercados ampliados. Revela también que es posible superar la exclusión económica, avanzar contra la subordinación de género, y reducir privaciones materiales de las mujeres y sus dependientes.

Las iniciativas de Kiej y CdT han dejado importantes aprendizajes. El primero se refiere a“aprender de la experiencia”. Para la incubación de empresas de mujeres rurales, la sistematización de los procesos de formación de Fibras Nativos S.A. y Sacalá S.A. fue crucial al identificar los pasos clave para una incubación exitosa.

El segundo, es la pertinencia  de autodescubrir las potencialidades propias, individuales y colectivas. Incrementar la productividad y los ingresos de las personas implica fortalecer sus habilidades productivas donde tienen ventajas relativas, y aprender a que esas habilidades se transformen en ingresos.

El tercero, es que la solidaridad, la tolerancia y el apoyo mutuo son clave para el trabajo colectivo. Así ha ocurrido en las empresas incubadas, donde las integrantes se han apoyado para cumplir tanto con sus metas productivas como con sus labores familiares.

El cuarto, es que el apoyo externo –como el ofrecido por Comunidades de la Tierra– es muy importante para la iniciativa de crear empresas exitosas, pero este es indispensable sólo en fases iniciales, en la medida en que contribuya a crear un ambiente propicio para aprender.

Un quinto aprendizaje indica que articular las empresas incubadas a mercados amplios es vital para el éxito de la iniciativa. Existen aquí dos áreas críticas: la producción y la comercialización. En este caso, la marca Wakami logró que la fase productiva adquiriera valor y remunerara a las artesanas gracias a un efectivo proceso de comercialización.

Para las mujeres, la participación en actividades económicas exitosas es decisiva para su empoderamiento individual y el fortalecimiento de su autoestima. Esto, a su vez, permite que mejoren las perspectivas de sostenibilidad de las empresas, pues el éxito inicial energiza a las participantes para continuar y las habilita para vencer barreras de género y de otro tipo que pueden limitar su pleno desarrollo como personas.

No obstante los favorables resultados alcanzados en esta experiencia, la sostenibilidad de las empresas a largo plazo sigue siendo el desafío más importante que enfrentan. Las iniciativas de progreso rural, y en especial las que involucran a mujeres, desafían a un entorno poco amigable, caracterizado por la intensidad de la competencia en mercados amplios, las restricciones de recursos y de crédito para las empresas pequeñas, y la presión que ejerce permanentemente la cultura patriarcal sobre el trabajo de las mujeres y su valorización. Las experiencias desarrolladas por Kiej de los Bosques y CdT ponen de manifiesto que empoderar a las personas, y transformar el entorno institucional y de políticas, parece clave para potenciar las iniciativas de desarrollo rural productivo.

Columna de opinión publicada en periódico digital Equilibrium de El Salvador

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