Posteado por: periodistarural | 5 abril 2012

Mercados dinámicos y desarrollo

Por Arilson Favareto
Profesor de Universidade Federal do ABC.

¿Más mercado o menos mercado? Esta falsa contraposición muchas veces polariza el debate político y académico sobre las posibilidades de favorecer procesos virtuosos de desarrollo en regiones rurales, donde existe un número importante de productores autónomos pobres.

Para unos, los mercados serían la única posibilidad de romper lazos tradicionales de dominación tanto en el ámbito laboral como en el acceso a rentas en territorios rurales latinoamericanos. Para otros, serían el principal agente de exclusión de los agricultores de la vida económica, al introducir requisitos de competitividad que llevarían a una diferenciación creciente entre los miembros de una determinada comunidad.

Los estudios realizados a lo largo de los últimos cinco años en el ámbito del Programa Dinámicas Territoriales Rurales (DTR), llevado a cabo por Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, permitensuperar esta falsa contraposición. Luego de examinar las dinámicas de 19 territorios en 11 países de América Latina, una de las principales conclusiones obtenidas reside en la afirmación de que el acceso a los mercados dinámicos es una condición fundamental para favorecer el crecimiento económico en estos territorios. Sin embargo, en buena parte de los casos, esto no es garantía de que el crecimiento sea acompañado de reducción de la pobreza y la desigualdad. Lo anterior lleva a otra pregunta igualmente importante: ¿cómo podría el acceso a los mercados favorecer dinámicas territoriales virtuosas –aquellas donde hay crecimiento económico, reducción de la pobreza, disminuciónde la desigualdady mayor sustentabilidad ambiental? Sobre esto, dos de las constataciones obtenidas por el Programa DTR son particularmente importantes.

Primero, los casos analizados muestran nítidamente que no hay “balas de plata”. Dicho de otro modo, no hay políticas, programas o factores aislados que por sí solos permitan generarrelaciones dinámicas con mercados oformar estructuras productivas que conduzcan a trayectorias virtuosas. Se hace evidente, entonces, que una misma política tiene impactos diferenciados tanto en los distintos territorios como dentro de losmismos. Por ejemplo, en todo el Brasil rural hubo, en la última década, un fuerte proceso de transferencias de rentas a los más pobres y se constituyeron programas de compras públicas de productos de la agricultura familiar. Pero el tipo de dinámica económica impulsada con estas transferencias y programas es muy distinta en cada una de las regiones rurales del país. En algunos casos se logróconstituir actividades productivas dinámicas y el acceso a mercados más amplios que aquellos representados por las compras públicas. En otros casos,se dio alguna dinamización del comercio local gracias a las transferencias, pero las regiones se volvieron dependientes del poder público.

Segundo, los casos estudiados sugieren que son los esfuerzos a largo plazo los que llevan a resultados exitosos más sólidos. En la mayor parte de las experiencias se revelan procesos aún muy recientes, que siembran un manto de duda acerca de su sustentabilidaden el tiempo. Esto se observa, por ejemplo, en Chiloé (Chile), donde el mercado del salmón impulsó, en la década pasada, un fuerte crecimiento económico acompañado de reducción de la pobreza y la desigualdad. Con todo, la explotación desmesurada de este recurso natural tuvo como resultado un colapso de esta actividad, que arroja dudas sobre la continuidadde estos efectos positivos en la presente década. Otro ejemplo emblemáticose da en el Valle Sur/Ocongate (Perú). Hasta el momento, los efectos de la proximidad con el potente centro turístico de Cuzco han generado resultados muy buenos, mas no se sabe hasta cuándo estas posibilidades seguirán expandiéndose.

Una excepción a la regla parece ser Tungurahua (Ecuador), y justamente porque allí se concentran varias características ideales para un desarrollo territorial dinámico y más equitativo: hay allí un centro urbano importante que permite una oferta de servicios y bienes públicos y la reinversión de parte de los excedentes generados en el propio territorio; también existe una economía diversificada y descentralizada, confuerte presencia de pequeñas y medianas empresas, lo que favorece una mejorrepartición de los buenos resultados económicos obtenidos y una suerte de resiliencia cuando la crisis alcanza a algún sector productivo. Por otra parte, hay ventajas deubicación, con buena disponibilidad de infraestructura y acceso a mercados externos.

Todas estas características se configuraron hace mucho tiempo y están ya consolidadas en el tejido social y económico del territorio. Es precisamente este punto el que diferencia a Tungurahua de los demás territorios, donde encontramos dinámicas mucho más recientes y apoyadas en un solo factor de dinamización. En este sentido, se refuerza la idea de que son las combinaciones de políticas y programas, más los aspectos históricos de formación de los territorios, los que marcan la diferencia.

¿Cómo puede el Estado favorecer este tipo de dinámicas? Aquí hay otra dualidad que debe ser superada: aquella que opone la construcción de la competitividad territorial a la inclusión social y la conservación ambiental. Por esto, como se ha dicho, no hay un solo tipo de programa o política capaz de favorecer dinámicas territoriales virtuosas. En esta etapa del Siglo XXI es necesario trazar una estrategia que integre diferentes criterios de eficiencia y que se adapte a las diversas situaciones que tienen lugar al interior de cada uno de los países latinoamericanos.

En este último contexto, al menos tres son los factores más importantes. Primero, por cierto, la producción de commoditieses crucial para las economías locales y nacionales. No obstante, con frecuencia este tipo de producción es intensiva en el uso de recursos naturales y no así en mano de obra. Obviamente, no compete al Estado negarla, pero sí establecer condiciones y contrapartidas sociales y ambientales para que la sociedad no tenga que pagar por las externalidades negativas que ella genera. Segundo, hay un conjunto de posibilidades poco aprovechadas como el turismo, productos locales, valorización de la diversidad biológica, producción de nuevas formas de energía, diversificación económica, todas ellas con potenciales mercados más intensivos en trabajo y menos agresivos con el medio ambiente. Al Estado cabría identificar estas posibilidades y organizar las capacidades para aprovecharlas.

Finalmente, un tercer factor reside en la ecualización de las capacidades de las regiones rurales vis-a-vis las regiones urbanas. La urbanización acelerada de nuestros países ha dado origen a un déficit estructural en infraestructura, educación y condiciones de vida entre regiones urbanas y rurales, que debe ser enfrentado. En América Latina debería hacerse un pacto por la paridad entre ambos tipos de regiones, teniendo por objetivo un pequeño conjunto de indicadores a ser alcanzado en el intervalo de una generación. Esto ayudaría mucho a los territorios rurales a crear capacidades para definir sus propios proyectos de futuro.

Artículo de opinión fue publicado en el diario digital Contrapunto de El Salvador 

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