Posteado por: Rimisp | 9 agosto 2012

La experiencia no se improvisa: Enseñanzas de la coalición social de Cerrón Grande

Por Raúl Hernández Asensio
Investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP)

Que la experiencia no se improvisa es una afirmación  que, al escucharla, nos parece bastante obvia. Sin embargo, es algo que también  solemos olvidar  con mucha frecuencia cuando  se trata de diseñar estrategias de desarrollo para las zonas rurales de  América Latina.  Este olvido es especialmente grave cuando  hablamos de uno de los temas que, con más fuerza, derivan de los estudios realizados en el marco del programa Dinámicas Territoriales Rurales (DTR) de RIMISP: las coaliciones sociales.

Los estudios  del proyecto “Coaliciones y desarrollo rural”, realizados en varios países al alero del DTR,  reúnen un buen volumen de evidencia sobre la importancia de las coaliciones sociales en los procesos de desarrollo territorial rural. Sabemos que estas coaliciones son uno de los factores clave que explican por qué algunos territorios logran éxito en las variables fundamentales del desarrollo: crecimiento económico, disminución de pobreza e incremento de la equidad social.  Los estudios nos muestran, también, que la existencia de poderosas coaliciones sociales  podría ser uno de los factores diferenciales para explicar los círculos virtuosos de disminución de pobreza e inequidad que se observan en algunos territorios de nuestro continente.

Una  consecuencia lógica de esta evidencia  es que un creciente número de proyectos de desarrollo apuntan precisamente a conformar coaliciones sociales. Pero esto no siempre es sencillo. En  concreto, quiero detenerme en las lecciones de un caso especialmente relevante: la coalición ambientalista  desarrollada desde finales de los 90 en el entorno del humedal Cerrón Grande en Chalatenango (El Salvador). Este caso nos muestra los retos de articular coaliciones sociales en procesos de desarrollo territorial rural y son tres las lecciones específicas que nos deja.

La primera es que las coaliciones sociales  deben estar fundadas en los intereses reales de los actores de los territorios. Los agentes (Estado, comunidad del desarrollo)  pueden incentivar su aparición, pueden acompañar para  fortalecer sus capacidades y  ayudar a incrementar el capital de las coaliciones  mediante redes de aliados externos. Sin embargo, en última instancia, el factor clave para el éxito de los proyectos basados en crear coaliciones es que estas  últimas tengan en su base  intereses reales  y compartidos de los actores. Esto implica evitar el voluntarismo, enfocarse en identificar y evidenciar estos intereses compartidos y huir de la tentación de confundir una coalición social con una mesa de diálogo.

La segunda lección que deja el estudio del caso de Chalatenango  es que la consolidación  de una coalición es una tarea de largo plazo. Junto con los intereses compartidos, deben existir factores aglutinantes, que no son fáciles de desarrollar en proyectos de corta duración. En Chalatenango, algunos de estos factores son la experiencia compartida en la época de la guerra y la posguerra salvadoreña, la existencia de una muy fuerte narrativa sobre el sentido de la coalición y sus logros, y la existencia de personalidades potentes que permiten un anclaje territorial de la coalición. En otros territorios, sin duda, estos factores aglutinantes serán distintos, pero es imprescindible que existan. Las coaliciones sociales -en tanto herramientas de acción colectiva que apuntan a transformaciones  en las estructuras sociales, económicas y políticas de los territorios pobres- requieren procesos  de largo alcance. Y para cuajar y consolidarse necesitan estos elementos aglutinantes que les permitan subsistir en los momentos de crisis.

Enlazando con esto, finalmente, la tercera lección que nos deja el caso de Chalatenango se refiere a  la importancia de asumir que una coalición social no es omnipotente. Se trata de un actor social y de un poderoso mecanismo de cambio. Pero casi siempre debe interactuar con  otros actores que apuntan a intereses y proyectos distintos.  La historia de la coalición de Chalatenango incluye éxitos y fracasos, algunos de ellos sonados y dolorosos. Sin embargo, si persiste y sigue siendo un actor clave en el territorio es porque todos estos elementos  se han conjugado: intereses compartidos, factores aglutinantes, conciencia de fortalezas y debilidades, desarrollo en el largo plazo. De ahí la importancia de recordar estas enseñanzas e incorporarlas en el diseño de futuras intervenciones en los territorios. Una vez más, cabe resaltar, “la experiencia no se improvisa”.

Anuncios

Responses

  1. Muy buenooo!!!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: