Posteado por: Claudia Ranaboldo | 3 septiembre 2012

Diversidades bioculturales: un debate que se actualiza

Por Claudia Ranaboldo
Investigadora de Rimisp y Coordinadora del Proyecto Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural

Una nueva visión está emergiendo en torno a la valorización de las diversidades bioculturales territoriales, poniendo en juego opciones y valores que desafían modelos hasta ahora predominantes en América Latina.

Así se observó en el taller Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural, del proyecto DTR-IC/Rimisp, realizado el 4 de junio en Quito, Ecuador, en el marco del Encuentro Territorios en Movimiento 2012. El taller contó más de 40 participantes de Ecuador, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, El Salvador, Francia, Italia y México, de instituciones públicas y privadas unidas por el interés en la valorización de la diversidad biocultural.

Algunos temas del taller fueron retomados en los siguientes días en el Encuentro. Por ejemplo, en la intervención del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ILPES-CEPAL (ver AQUÍ) se señaló que aún cuando la “globalización en cierto sentido reduce la autonomía de lo local, a su vez premia la diversidad. El objetivo estratégico en los procesos de cambio endógenos es el fortalecimiento de la identidad propia y la cultura local; es buscar la diferenciación. La hora de la igualdad llega si la sociedad se lo propone: igualdad territorial con identidad propia y diversidad cultural”.

A su vez, la presentación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) (ver AQUÍ) señaló que uno de los factores claves del Nuevo Paradigma Rural está ligado a iniciativas de valorización de los territorios, como las actividades turísticas que permiten articular de manera virtuosa “natura y cultura”, y a una agricultura de alto valor basada en los productos locales.

Asimismo, la Ministra Coordinadora de la Política Económica de Ecuador, Jeannette Sánchez, planteó que la identidad cultural es un elemento estratégico en países como Ecuador, en función de la cohesión e inclusión social, la participación ciudadana y la gobernanza territorial.

Así, temas que un quinquenio atrás parecían marginales en el debate del desarrollo, empiezan a posicionarse en los escenarios nacionales e internacionales. Investigadores del proyecto DTR-IC/ Rimisp y sus socios (CIRAD – Centre de Coopération Internationale en Recherche Agronomique pour le Développement, Francia; EPAGRI – Empresa de Pesquisa Agropecuária e Extensao Rural de Santa Catarina, Brasil; GEA– Grupo de Estudios Ambientales, México; IEP-Instituto de Estudios Peruanos, Perú; Universitá di Napoli, Italia, entre otros) mostraron tendencias provocadoras a partir de las evidencias empíricas de sus estudios de los últimos dos años.

En esta línea, la pregunta correcta no sería qué tanto la identidad cultural es una determinante o motor de procesos de desarrollo territorial, como si se tratara de un factor unívoco para todos los territorios. Más bien se argumentó que las identidades culturales juegan un rol multidimensional y cambiante, dependiendo de las circunstancias y los contextos. Pueden tener una potencialidad importante en ámbitos como: la diversificación y el manejo de la pluriactividad de la agricultura familiar y el empleo rural no agrícola; la capacidad de reacción/resiliencia de los sistemas campesinos frente a crisis económicas y ambientales; el aprovechamiento de activos de base territorial que suelen estar en manos de los pobres (como los saberes locales y el patrimonio cultural intangible); el acompañamiento a procesos culturales democráticos, incluyendo el establecimiento de puentes interculturales como en los casos de migraciones y retornos; y el empoderamiento de los actores locales a partir de su propia memoria, tradición, prácticas, conocimientos y sentido de pertenencia, pero también de la innovación y recreación.

También se discutió sobre los riesgos vinculados con la identidad cultural, sobre todo cuando a partir de ella se establecen barreras entre “nosotros” y “los demás”, o se plantean posturas conservadoras del statu quo, o cuando se limitan los derechos individuales –por ejemplo de las mujeres– a favor exclusivamente de los derechos colectivos. También se alertó acerca de los riesgos de la valorización de los activos culturales en términos de selección apropiada de las iniciativas, la calidad e innovación de los productos en los mercados, el escalamiento de los negocios, los conflictos de interés, la apropiación de los beneficios y las visiones sesgadas que asocian mecánicamente “identidad” con “turismo”.

Quizás el elemento más novedoso del debate residió en el hecho de transitar hacia una reflexión basada en la valorización de las diversidades bioculturales territoriales. Una opción ligada tanto a las oportunidades económicas para los pobres rurales –en términos de territorios competitivos por los factores diferenciales– como al fortalecimiento del patrimonio agroalimentario local y la soberanía alimentaria, y al ejercicio de los derechos de los actores rurales.

Columna publicada en Revista Equitierra Nº12. Léala entrando a:
www.rimisp.org/equitierra

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